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La Colaboración
entre
los Redentoristas y los Laicos
Desde el siglo XVIII, cuando
el P. Alfonso de Liguori recorría las calles
de Nápoles, los misioneros redentoristas y
los agentes pastorales laicos han venido orando
y trabajando juntos en la misión. Pero es
en nuestro días cuando
se está consiguiendo algo nuevo.
En todo el mundo, los laicos
y los Redentoristas están aunando fuerzas
para conseguir nuevas formas de predicar la
Buena Nueva y ayudar a los pobres.
·
En Colombia, Redentoristas y
catequistas laicos viven en simples barracones
entre las gentes más pobres para comprender
realmente sus afanes en la lucha diaria y
ayudar a las necesidades de las familias.
·
En Irlanda, intrépidos jóvenes
laicos y audaces Redentoristas ancianos se
asocian para predicar misiones en Belfast,
llevando esperanza a los barrios devastados
por la violencia.
·
En Filipinas, laicos y misioneros
redentoristas itinerantes dejan su casa y
sus amigos, a veces durante meses, para formar
comunidades cristianas en pueblos aislados.
·
En Canadá, adultos casados y
solteros han formado equipos misioneros conjuntamente
con los Redentoristas para llegar hasta los
católicos abandonados que se encuentran en
zonas apartadas del país.
·
En Estados Unidos, Redentoristas
y jóvenes adultos voluntarios salen juntos
al encuentro de cientos de personas hambrientas
o sin techo en la ciudad de Filadelfia, en
las islas del Caribe, en Appalachia.
·
En Italia, los Redentoristas
y los jóvenes crean equipos pastorales para
ayudar a otros jóvenes que sufren de abandono,
de malos tratos o que viven de mala manera.
·
En África, los Redentoristas
y los catequistas laicos organizan reuniones
nocturnas para responder a preguntas de personas
que buscan esperanza y luz en sus vidas.
Estos son sólo algunos ejemplos
de la nueva colaboración dinámica en el compartir
nuestra misión de evangelizar. Con las palabras
de un Redentorista brasileño: "Esta es
la simiente de un nuevo modelo de Iglesia,
simiente que fue sembrada por el fundador
de la Congregación Redentorista".
El legado de San Alfonso
Alfonso de Liguori fue comprensivo,
práctico y creativo en la pastoral. Quería
aventurarse y probar nuevas formas de llegar
hasta las gentes marginadas de la sociedad.
Su prioridad más inmediata fue
la de llevar la Buena Nueva a los que se encontraban
rechazados y olvidados por la Iglesia institucional,
a las personas sin esperanza y sin nadie que
las ayudara. Al igual que Jesús, que no se
sentó en las sinagogas a esperar que la gente
fuera a él, del mismo modo, tampoco Alfonso
se limitó a los lugares y a las formas tradicionales
del ministerio. Dejó atrás comodidades y seguridades
a fin de "buscar y salvar lo que estaba
perdido" (Lc 19,10).
Ejemplo concreto de la creatividad
y comprensión de Alfonso es su relación con
los laicos. El fundador de los Redentoristas
se anticipó a su tiempo en este terreno:
·
Las Capillas del Atardecer
Alfonso se rodeó de colaboradores laicos para evangelizar en los ambientes
más pobres de la periferia de Nápoles. Creó
a este fin un movimiento de formación de comunidades
cristianas a las que denominó "Capillas
del atardecer". Con la ayuda de un laico
consagrado de nombre Pedro, formó a laicos,
trabajadores comunes, para que fueran catequistas,
predicadores y dirigentes de comunidades.
Las Capillas del atardecer tuvieron un éxito extraordinario e influyeron
en millares de personas. Se las llamaba también
"Centros de conversión" y “viveros
de santos". Y lo más importante: continuaron
floreciendo por mucho tiempo después de que
Alfonso dejara de acompañarlas, porque eran
los laicos del lugar, y no Alfonso y sus compañeros
sacerdotes, los responsables de las mismas.
Los laicos fueron la "espina dorsal" de esta gran obra. Alfonso
se consideraba un simple colaborador de los
líderes laicos, que tenían autoridad y verdadera
credibilidad entre los miembros de las comunidades
por el hecho de vivir las mismas vicisitudes
de la ciudad.
·
Escuela de formación para mujeres
Alfonso reconoció el potencial de liderazgo de las mujeres en una época
en que las mujeres laicas tenían un puesto
muy limitado y poco poder en la Iglesia institucional.
Abrió una escuela de formación para mujeres
y eligió a una mujer para dirigirla.
Desgraciadamente, la escuela no fue adelante debido a que las mujeres, al
ser pobres, tenían que trabajar todo el día
y cuidar por la noche de los hijos. Pero las
mujeres adquirieron confianza en sí mismas
y un sentido de su misión personal gracias
a la dedicación de Alfonso y a sus esfuerzos.
·
Meditación diaria en común
Alfonso insistía en que los miembros de las comunidades redentoristas rezaran
con regularidad juntamente con los laicos.
Dos veces al día, los Redentoristas debían
reunirse en la iglesia para hacer su meditación
juntamente con el pueblo. Esta praxis no era
común entre los religiosos y laicos del siglo
XVIII; fue una idea audaz que renovó la forma
de orar de los cristianos en las comunidades
locales.
Nuestra herencia y nuestra esperanza
En la actualidad, los Redentoristas
están felizmente recuperando esta praxis de
una creativa colaboración con los laicos.
En 1991, el Capítulo General
Redentorista dedicó una sección entera de
su Documento Final a la "Colaboración
con los laicos en orden a compartir con ellos
la misión" e introdujo la nueva figura
del "Misionero Laico del Santísimo Redentor
como colaborar y partícipe de la vida apostólica
de la Congregación Redentorista". Este
mismo documento pide que las comunidades redentoristas
“se abran a los laicos de modo que estos puedan
tener una mayor participación en nuestras
experiencias de vida, de trabajo y de espiritualidad”
(Capítulo General,
Documento Final, No. 60)
Los líderes laicos participan
en las Comisiones Internacionales y Regionales
que estudian y promueven un efectivo apostolado
redentorista laico. Estamos elaborando conjuntamente
programas de formación y de preparación. Juntos
estamos encontrando nuevas formas de compartir
nuestra espiritualidad a través de regulares
tiempos de oración y de convivencia en comunidad.
Un equipo pluricultural formado
por hombres y mujeres de todas las edades
y condiciones está sumando fuerzas a la misión
redentorista. Esta diversidad es una gran
fuerza que da testimonio de la vitalidad del
carisma redentorista hoy.
Una laica de Dominica se expresa
así refiriéndose a su espíritu de esperanza
en nuestro ministerio de colaboración:
“Cuando los Redentoristas llegaron a nuestra isla, nos despertamos como
si fuésemos un volcán adormecido. Me ayudaron
a ser líder de mí misma y de mi pueblo. Adoro
el formar parte de esta familia, una familia
abierta a los cambios, una familia que camina.
Doy gracias a Dios por San Alfonso. Pienso
que debe de estar satisfecho viendo cómo su
obra sigue adelante".
P.
Joseph W. Tobin, C.Ss.R.
Superior General de la Congregación
"Todos somos llamados a
anunciar la Buena Nueva a los pobres más
abandonados de acuerdo con la inspiración
de San Alfonso de Liguori. La colaboración
entre Redentoristas y laicos no es una búsqueda
de "auxiliares" para remediar
la disminución del número de congregados,
ni tampoco una reivindicación de derechos
por parte del laicado preterido durante
tanto tiempo. El ministerio laical está
enraizado en una renovada valoración de
la vocación cristiana comunicada en el bautismo
y, como tal, no se trata de algo excepcional,
sino, más bien, de algo normal, al menos
en la mayoría de los 77 países donde trabaja
nuestra Congregación. Más aún, creo que
el tema no es sólo de cómo el laicado puede
rehabilitarse para trabajar en la pastoral
del tercer milenio del Cristianismo; se
trata también del significado que puede
tener la vida consagrada en una Iglesia
en la que el laicado desempeña un papel
cada vez más importante. El Concilio Vaticano
II no solo subraya el valor de la vocación
laical, sino que también habla de la vida
consagrada como un modo de vida que es esencial
a la Iglesia. El diálogo entre los Redentoristas
y los laicos debe ayudar a los congregados
a entender mejor su propia vocación".
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