Formación
en
la Congregación del
Santísimo Redentor
La formación redentorista comienza
con un signo de admiración
Tal vez haya otras órdenes y congregaciones religiosas
a las que llegan los candidatos porque admiran
al santo fundador o porque les gusta una de
las obras que la comunidad realiza. Está comprobado
que entre los redentoristas, la mayoría de
los candidatos llegan porque han visto un
misionero actuando y han quedado admirados
del modo como Dios actúa a través de él. Para
entrar en la Congregación del Santísimo Redentor
el camino más común es el encuentro con un
misionero redentorista y sentirse atraído
a vivir su misma vocación.
Ese primer impulso o atracción es la base para toda la formación que sigue.
En un joven fascinado por la misión de Cristo
se puede luego forjar un misionero. Pero si
no existe ese profundo entusiasmo, ese deseo
de implorar la gracia de Dios para dedicar
totalmente la vida a la misión, no se puede
construir nada, por bonito que sea el proyecto
formativo que se tenga.
La formación es como un entrenamiento
Cada 4 años se realizan las Olimpíadas. Centenares
de atletas se congregan para competir y demostrar
sus capacidades físicas. Algunos ganan medallas;
otros se llevaron a casa la satisfacción
de haber participado.
Te has preguntado, ¿cuántas horas diarias ha dedicado cada atleta a su
entrenamiento? ¿Por cuántos meses y años?
¿Cuántos sacrificios en dieta, ejercicios
y horario?
Bueno, algo parecido es la formación de los misioneros redentoristas. La
formación es la manera de entrenarse para
una tarea exigente y que compromete toda la
vida, porque es el anuncio del evangelio.
Pero en la comparación entre las olimpíadas y la formación de los redentoristas
hay diferencias fundamentales. El atleta sabe
que su entrenamiento es ante todo para una
etapa de su vida, porque las olimpíadas (y
la mayoría de los deportes a nivel de competición)
son normalmente para personas entre los 15
y los 30 años. Después se vivirá de los recuerdos
o de otra profesión. El entrenamiento de los
misioneros es para toda la vida.
La preparación de los atletas se refiere sobre todo a la dimensión física
y psicológica. La preparación de los misioneros
abarca todas las dimensiones de la vida: física
y humana, intelectual y psicológica, personal
y comunitaria, espiritual y pastoral.
Los
atletas desarrollan sus capacidades estudiando
el modo de ganarles a sus adversarios. Los
misioneros desarrollan sus potencialidades
estudiando el modo de servir mejor a los demás.
Los atletas se entrenan diariamente y compiten una vez al año o una vez
al mes. Los misioneros se entrenan siempre
para estar de tiempo completo al servicio
del evangelio.
La formación
para la vida misionera
es como un cóctel
¿Te has puesto a pensar en todo lo que hay que incluir
para formar bien un misionero? Necesita preparación
física, formación académica, autoridad moral,
testimonio espiritual. Un misionero debe ser
capaz de hablarle a los ignorantes y a los
intelectuales, a los niños y a los mayores,
a los médicos y a los enfermos, a los que
no creen en Cristo y a los que viven una vida
cristiana intensa. Debe estar dispuesto a
dar testimonio y, si es sacerdote, debe estar
preparado para reconciliar a las personas
en el sacramento de la confesión. El misionero
tiene que mostrar en su persona las muchas
facetas del amor de Dios manifestado en Jesucristo.
Supongamos que el programa formativo de un misionero es como un cóctel.
Tienes que empezar con un vaso fuerte, de
buena capacidad y apto para el trajín que
requiere. Colocas dos buenos cubos de Antiguo
y Nuevo Testamento (sobre todo de Evangelio
vivido). Añadirle media copa de Filosofía,
unas gotas de Psicología y Antropología, una
pizca de Literatura, una copa bien llena de
Teología (dogmática y moral), unas ramitas
de Derecho canónico. Batir todo eso con mucho
arte (música, teatro, oratoria, etc.) Y luego
dejarlo reposar por todo el tiempo necesario
hasta que esté bien fusionado. Sólo al final,
cuando se vea la transparencia de Dios en
todo, entonces, se tiene un misionero.
La formación
es un proceso
Es difícil decir cuándo empieza la formación de un
misionero. Porque cuando alguno pide el ingreso
a la Congregación Redentorista ya trae todo
un bagaje de experiencias que le han de servir
en su vida misionera. Por eso se puede decir
que la formación de un misionero comienza
en el seno de la madre y en el ambiente de
su familia.
De todos modos, al llegar a la Congregación, el candidato verá que se hace
mucho énfasis en la formación 1) humana, 2)
cristiana o espiritual y 3) académica, sin
descuidar la capacitación para 4) vivir en
comunidad y 5) trabajar apostólicamente. Y
eso no se termina el día de la profesión como
religioso o el día de la primera misa solemne.
La formación es programa para toda la vida.
El misionero que lleva 50 años de trabajo
pastoral no está acabado, está aún en formación;
e incluso si las enfermedades le impiden ir
a las misiones sabe que debe aprender a aceptar
sus achaques para unirlos al sacrificio redentor
de Cristo y ser así misionero para la salvación
del mundo.
Además, dado que la sociedad y la cultura de hoy son factores en cambio
acelerado, los misioneros tienen que prepararse
convenientemente para actuar en ese medio.
El misionero que terminó sus estudios superiores
hace 30 años, en las clases no oyó hablar
ni una vez de bioética o de Internet. Y hoy
debe estar preparado para enfrentar esas realidades
con conocimiento y objetividad. Y si es enviado
a otro país como misionero, debe empezar por
el aprendizaje de otra lengua y el reconocimiento
de otros valores culturales.
La formación
tiene un objetivo preciso
La formación redentorista no es, sin embargo, una
capacitación para todo. No se trata de prepararse
para ser mecánico, maestro, muralista, magistrado…
y misionero. Se trata de prepararse y ser
misionero de tiempo completo. Como dicen las
Constituciones de los Redentoristas:
“La formación tiene por objeto llevar a los
candidatos y a los congregados a tal grado
de madurez humana y cristiana que ellos mismos,
con la gracia de Dios, puedan entregarse total,
consciente y libremente al servicio de la
Iglesia misionera en la vida comunitaria de
los redentoristas para anunciar el evangelio
a los pobres.” (Constitución 78)
Para
lograr ese objetivo preciso el candidato pasa
por diversas etapas, que son:
·
El primer contacto en la Pastoral Juvenil y Vocacional
Redentorista.
·
Residencia en comunidad como Postulante.
·
Un año de formación espiritual intensa en el Noviciado.
·
Un período de varios años (de 3 a 6) de profesión temporal,
durante el cual se realizan estudios teológicos.
Se concluye con la profesión perpetua y, en
el caso de los llamados al ministerio sacerdotal,
con la ordenación diaconal o presbiteral.
Después se sigue el resto de la vida en un proceso de formación permanente
para lograr siempre ese único objetivo de
ser plenamente misioneros.
El camino
de la formación
se recorre en comunidad
No basta incluir muchos elementos en el proceso formativo
y lograr que un misionero tenga muchas capacidades.
Entre los redentoristas es fundamental la
vida en comunidad y el trabajo en equipo.
A los ojos de la gente, esto es lo que diferencia
a los religiosos de los sacerdotes diocesanos.
Entre los religiosos, tanto la oración como
el trabajo brotan de la vida fraterna en comunidad.
De ahí que un verdadero gusto por la comunidad
y una habilidad para vivir y trabajar en equipo
sean un distintivo del redentorista (cf. Constitución
21).
En otras palabras, la formación redentorista se realiza en comunidad y
debe capacitar para la vida comunitaria. La
vida en comunidad no es una estrategia para
la misión, sino que es misión en sí misma.
Ante un mundo fragmentado y disgregado, los
misioneros redentoristas queremos anunciar
la buena noticia de Jesucristo predicando
y viviendo la fraternidad.
Entre los redentoristas, “la vida comunitaria se ordena a que, a ejemplo
de los apóstoles (cf. Marcos 3,14; Hechos
2,42-45), compartan en sincera comunión fraterna
las oraciones y deliberaciones, los trabajos
y sufrimientos, los triunfos y fracasos, y
también los bienes materiales, todo al servicio
del evangelio.” (Constitución 22)