Regla de Vida



LA VIDA APOSTÓLICA
DE LOS REDENTORISTAS

CONSTITUCIONES

DE LA CONGREGACIÓN
DEL SANTÍSIMO REDENTOR

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Congregatio Sanctissimi Redemptoris
Superior Generalis

J.M.J.A.

A los queridos Cohermanos en Cristo
de la Congregación del Santísimo Redentor

Salud en el Señor

El Concilio Vaticano II promulgó el día 28 de octubre de 1965 el Decreto sobre la adecuada renovación de la vida religiosa. En el contexto de esta renovación, nuestras Constituciones debían ser revisadas y sometidas a la aprobación de la Santa Sede.

Las Constituciones así renovadas, ahora han conseguido finalmente su aprobación.

Por medio de esta carta, queridos cohermanos, les presento la nueva edición de las Constituciones y de los Estatutos generales, que promulgo oficialmente.

El empeño de renovación que nuestra Congregación ha de llevar a cabo no podía reducirse, sin embargo, a la elaboración de unas leyes, sino que miraba principalmente a promover la vitalidad espiritual y apostólica de todo el Instituto.

Por eso, finalizada nuestra legislación, la Sagrada Congregación para los Religiosos e Institutos seculares, a la cual fue dado por el Papa Juan Pablo II el encargo de aprobar las constituciones religiosas, “confía... que los miembros de la Congregación del Santísimo Redentor, guiados por el ejemplo del santo Fundador, se animarán como movidos por un nuevo estímulo al cumplimiento de la misión que les ha sido encomendada por la Iglesia” gracias a las Constituciones renovadas.

Por consiguiente, a todos nos afecta y urge la obligación de promover constantemente la vitalidad espiritual y apostólica en todas las provincias, viceprovincias, regiones y comunidades, así como en nosotros mismos.

“Como quiera que la norma última de la vida religiosa es el seguimiento de Cristo tal como se propone en el evangelio, ésa se ha de tener como regla suprema en nuestra Congregación” (C. 74). Por tanto, nuestras Constituciones y Estatutos renovados deben ser el fundamento y el instrumento para este seguimiento de Cristo y, en consecuencia, para promover una nueva vitalidad en la Congregación.

Asimilad, pues, el espíritu que brota del nuevo texto.

San Alfonso implore para todos nosotros este espíritu de Cristo Redentor como don del 250 aniversario de la fundación de la Congregación. Don que la bienaventurada Virgen María, Patrona de la Congregación, nos conserve.

Dado en Roma, día 25 de febrero de 1982.

José G. Pfab, C.Ss.R.
Superior General

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Congregatio Sanctissimi Redemptoris
Superior Generalis

Queridos cohermanos en Cristo

El XX Capítulo general, celebrado en Roma el año 1985 y clausurado el 20 de noviembre, dedicó su atención, entre otros temas, al estudio y revisión de algunas Constituciones y Estatutos generales de nuestra Congregación. Ya el año 1984 el Consejo general había emprendido esta revisión en virtud de las facultades otorgadas por la Congregación para los Religiosos e Institutos seculares en su Decreto del 26 de febrero de 1984 (cf. Gen.76/84 – Communicanda 80). El Capítulo general aprobó esta revisión con pequeñas enmiendas. Los cambios introducidos responden a la adaptación de nuestra legislación al nuevo Código de derecho canónico.

El día 23 de julio de 1986 la Congregación para los Religiosos e Institutos seculares aprobó y confirmó, con pequeños cambios, las acomodaciones propuestas.

Esto es lo que motiva la nueva edición de las Constituciones y de los Estatutos generales. Queridos cohermanos, las Constituciones y Estatutos nos proponen el camino y la motivación por los que, como redentoristas, nos hacemos partícipes de la misión del Redentor, siguiendo de cerca a Cristo y gastándonos en el servicio de la Iglesia y de los hombres de nuestro tiempo. He aquí el fundamento de la unidad de nuestra vida especialmente consagrada a Dios en la obra misionera de la Congregación.

Promulgo oficialmente la nueva edición de las Constituciones y de los Estatutos, redactados en lengua latina, esperando con firme confianza que esto contribuirá al progreso y acrecentamiento de la vida apostólica de los cohermanos y de las comunidades, tanto (vice)provinciales como locales de toda la Congregación.

La Bienaventurada Virgen María, Madre del Perpetuo Socorro, y san Alfonso nos lo concedan siempre.

Roma, día 15 de agosto de 1986.

Juan M. Lasso de la Vega, C.Ss.R.
Superior General

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Sagrada Congregación
para los Religiosos
e Institutos seculares

Prot. nº R. 57-1/79

Decreto de Aprobación
de las Constituciones


La Congregación del Santísimo Redentor, fundada por san Alfonso María de Liguori principalmente para la evangelización de los pobres, siguiendo las normas del Concilio Vaticano II y otras directrices de la Iglesia, ha elaborado con esmerado y diligente trabajo un nuevo texto de las Constituciones.

El Moderador supremo de la Congregación ha presentado a la Santa Sede dicho texto revisado y debidamente aprobado por los Capítulos Generales pidiendo humildemente sea confirmado.

Este Sagrado Dicasterio para los Religiosos e Institutos seculares, después de haberlo sometido a examen especial de los Consultores y teniendo en cuenta el voto del Congreso, decidió, tras madura consideración, acceder a las súplicas presentadas.

Así pues, en virtud del presente Decreto, aprueba y confirma, observando lo requerido en derecho, el texto presentado con los cambios establecidos por el Congreso, según el ejemplar redactado en lengua latina que se conserva en su archivo, juntamente con las fórmulas de la profesión religiosa anejas al mismo texto.

Confía este Sagrado Dicasterio que los miembros de la Congregación del Santísimo Redentor, guiados por el ejemplo del santo Fundador, se animarán como movidos por un nuevo estímulo al cumplimiento de la misión que les ha sido encomendada por la Iglesia.

Dado en Roma, día 2 de febrero, en la fiesta de la Presentación del Señor, año 1982.

E. Cardenal Pironio, Prefecto
† Agustín Mayer, Secretario

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Sagrada Congregación
para los Religiosos
e Institutos seculares

Prot. nº R. 57-1/86

El Capítulo general de la Congregación del Santísimo Redentor, celebrado el año 1985, acomodó correcta y plenamente al nuevo Código de derecho canónico las Constituciones del Instituto, renovadas según la exhortación del Vaticano II (PC n. 2. 3. 4) y aprobadas por la Santa Sede en 1982. En esa ocasión el mismo Capítulo ratificó y completó las adaptaciones hechas, con carácter interino, por el Consejo general, según lo decretado por la Congregación para los religiosos e institutos seculares el día 2 de febrero de 1984.

El superior General del Instituto ha sometido estas adaptaciones a la aprobación de la Santa Sede.

La Congregación para los Religiosos e Institutos seculares ha examinado atentamente las acomodaciones propuestas y en virtud del presente Decreto las aprueba y confirma, observando lo requerido en derecho, con las pocas modificaciones que se consignan en el folio adjunto.

Sin que obste nada en contrario.

Dado en Roma, 23 de julio de 1986.

+ Vicente Fagiolo, Secretario
Jesús Torres, CMF., Subsecretario

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Congregatio Sanctissimi Redemptoris
Superior Generalis

A los Superiores (V)Provinciales
y a todos los cohermanos de habla española

Decreto

Después de haber sometido al diligente examen de diversos peritos esta traducción al español de nuestras Constituciones y Estatutos generales,

declaro y certifico

que corresponde fielmente al texto original.

Pero téngase siempre presente que el texto auténtico es el latino.

Roma, Festividad de Pentecostés,

11 de Junio del 2000

Joseph W. Tobin, C.Ss.R.
Superior General

James Casey, C.Ss.R.
Secretario General

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ABREVIATURAS


DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II

AA       Apostolicam Actuositatem (apostolado seglar).

AG      Ad Gentes (misiones).

CD      Christus Dominus (obispos).

DV      Dei Verbum (revelación).

GS       Gaudium et Spes (Iglesia en el mundo).

IM       Inter Mirifica (medios de comunicación).

LG       Lumen Gentium (Iglesia).

OT       Optatam Totius (formación sacerdotal).

PC       Perfectae Caritatis (religiosos).

PO       Presbyterorum Ordinis (presbíteros).

SC       Sacrosanctum Concilium (liturgia).

UR      Unitatis Redintegratio (ecumenismo).


OTROS DOCUMENTOS ECLESIALES

Can     Canon del Código de Derecho Canónico, 1983.

EN       Evangelii Nuntiandi = Exhortación apostólica de Pablo VI sobre la evangelización, del 8-12-1975.

ES       Ecclesiae Sanctae = Motu proprio de Pablo VI, del 6-8-1966.

MR     Mutuae relationes = Instrucción de la Santa Sede sobre las relaciones entre los obispos y los religiosos, del 14-4-1978.

PPr      Populorum Progressio = Encíclica de Pablo VI, del 26-3-1967.

RC      Renovationis causam = Instrucción de la Congregación para los Religiosos e Institutos seculares, del 6-1-1969.


DOCUMENTOS DE LA CONGREGACIÓN

C (CC)           Constitución (Constituciones) CSsR.

Const. a.         Constituciones anteriores a 1963.

DC                  Directorio de Capítulos.

Doc. M           Documenta miscellanea CSsR.

DS                   Directorio de Superiores.

SHCSR           Spicilegium Historicum CSsR.

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Las palabras y las notas al pie de página que están entre paréntesis cuadrados son explicativas y propias de esta edición española. Cuando se hace referencia al Código de Derecho Canónico es porque el texto ha sido tomado casi literalmente de allí.

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SUPPLEX LIBELLUS

Súplica de Alfonso de Liguori y de sus compañeros al Papa, pidiendo la aprobación del Instituto y de las Reglas
(1748)

Beatísimo Padre:

El sacerdote Alfonso de Liguori, napolitano, con los otros sacerdotes misioneros, compañeros suyos, reunidos bajo el título del Santísimo Salvador, humildemente exponen a Su Santidad:

Que habiéndose dedicado el suplicante por muchos años a las santas misiones como hermano de la Congregación de las Misiones Apostólicas, erigida en la catedral de Nápoles, y habiendo palpado el gran abandono en que se encuentran los pobres en extensas regiones del Reino, especialmente los de las comarcas rurales, se unió con dichos sacerdotes, compañeros suyos desde el año 1732, bajo la dirección del difunto monseñor Falcoia, obispo de Castellamare, a fin de dedicarse a ayudar con misiones, instrucciones y otros ejercicios [ministeriales] a los pobres del campo. Éstos son los más necesitados de auxilios espirituales, al faltarles con frecuencia quien les administre los santos sacramentos y la palabra divina; tanto que muchos, por falta de obreros [apostólicos], llegan a la muerte sin conocer ni siquiera las verdades necesarias de la fe. Porque son pocos los sacerdotes que se dedican expresamente al cuidado de los pobres campesinos, a causa de los gastos necesarios y, más aún, de las incomodidades que hay que soportar en este empeño. Por esto los suplicantes, desde entonces, han estado ayudando a estas pobres gentes con las misiones, recorriendo los campos y los lugares más abandonados de seis provincias del Reino [de Nápoles], con tanto provecho por todas partes, que habiendo llegado esto a conocimiento de su majestad el Rey, especialmente los trabajos soportados en beneficio de los numerosos pastores de Apulia, ha concedido por medio de varios decretos una asignación anual para el mantenimiento de esta obra, recomendándola como utilísima para el bien general de su Reino. El mismo eminentísimo arzobispo de Nápoles, que con tanto celo gobierna su Iglesia, se ha dignado llamar a los suplicantes en su ayuda, para dar las misiones en los caseríos de su diócesis.

Para [realizar] este objetivo los suplicantes, con la aprobación canónica de los Ordinarios y con el beneplácito del Rey, se han reunido para vivir en algunas casas o retiros, situados fuera de las poblaciones, en diversos lugares del Reino, como en la diócesis de Salerno, de Bovino, de Nocera, y últimamente en la diócesis de Conza, en la cual, con el consentimiento apostólico de la Sagrada Congregación de Obispos y Religiosos, se les ha cedido a los suplicantes la iglesia de Santa María Mater Domini con la casa adyacente, junto con un beneficio del clero de la región de Caposele y algunas rentas asignadas por diversos bienhechores, especialmente por el arzobispo de dicha diócesis. En estas casas, además de las misiones, que los suplicantes han predicado continuamente, se ha proporcionado también la oportunidad a los campesinos de acudir de sus aldeas, donde ya tuvieron la misión, para renovar sus confesiones y enfervorizarse con la santa predicación. En las mismas casas se han dado también varias veces al año ejercicios espirituales cerrados, tanto a los ordenandos como a los párrocos y sacerdotes enviados por sus obispos, así como a los seglares. Esto ha sido de gran utilidad para ellos mismos y para los demás, porque los sacerdotes, tras haber salido reformados con tales ejercicios, se han hecho dignos ministros de la Iglesia para bien de sus coterráneos. Todo esto se prosigue sin interrupción, acrecentando cada vez más la concurrencia y el provecho de la gente.

El Señor, con su mano, ha bendecido mucho esta obra, no sólo con la conversión de muchas almas abandonadas y con el provecho de las comarcas donde los suplicantes han trabajado, sino también con el aumento de candidatos que hasta el presente se han ido incorporando a esta asociación, de manera que en este momento casi llegan al número de cuarenta.

Santísimo Padre, este es el estado en que se halla esta nueva obra. Pero si Su Santidad no se digna concederle su aprobación apostólica, la misión no podrá continuar su feliz desarrollo. Por lo que el suplicante y sus compañeros, postrados a sus pies, por el amor que Su Santidad demuestra por la gloria de Jesucristo y por la salud espiritual de tantos pobres campesinos, que son los hijos más desamparados en la Iglesia de Dios, le suplican se digne conceder su asentimiento apostólico a fin de que la mencionada asociación se erija y constituya como Congregación de sacerdotes seculares con el título del Santísimo Salvador, sujeta siempre a la jurisdicción de los Ordinarios de los lugares, similar a las Congregaciones de los Padres de la Misión y de los Píos Operarios, con la peculiaridad de tener siempre los congregados sus casas fuera de las poblaciones y en medio de las diócesis más necesitadas, para dedicarse mejor al servicio de los campesinos y poder estar así más disponibles para salir en su socorro.

Dígnese también aprobar las Reglas que a su tiempo depositarán a sus pies, confiando en que Su Santidad, que tiene tanto celo por el bien de las almas, en particular de estos pobres campesinos (como lo ha demostrado con la carta circular a los obispos del Reino de Nápoles, insistiendo en socorrerlos lo más posible con las santas misiones), se dignará dar estabilidad con su autoridad suprema a una obra no sólo muy útil, sino también muy necesaria para ayudar a tantas pobres almas que viven privadas de socorros espirituales en las comarcas rurales de este Reino tan dilatado.

Y lo tendrán como gracia de Dios.

[Traducción del original italiano publicado en SHCSR 17 (1969) 220-223].

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PROEMIO HISTÓRICO

ORIGEN Y DESARROLLO

DE LA CONGREGACIÓN

DEL SANTÍSIMO REDENTOR

Compadecido de los pobres, sobre todo de los campesinos, que entonces constituían una gran parte del pueblo, san Alfonso María de Liguori, el año 1732, en la ciudad de Scala (Reino de Nápoles), fundó la Congregación de Misioneros del Santísimo Salvador, llamada después (1749) del Santísimo Redentor, para que siguiendo al mismo Redentor predicaran el evangelio a los pobres: “Me envió a anunciar la Buena Nueva a los pobres” (Lc 4,18).

Él mismo y sus compañeros, entre los que brilló san Gerardo Maiella, se esforzaron por remediar las necesidades espirituales que entonces experimentaban las pobres gentes del campo, sobre todo con misiones, ejercicios espirituales y renovaciones, a ejemplo de san Pablo (Hch 15,36).

Ardía Alfonso en deseos de predicar el evangelio, tanto a los pueblos de Africa y Asia, cosa que él mismo manifestó muchas veces en sus cartas, como a los cristianos separados de la Iglesia Católica, por ejemplo los Nestorianos de Mesopotamia. Procuró encender en sus hijos el ardor apostólico proponiendo en las Constituciones el voto especial de evangelizar a los infieles (1743), voto que fue suprimido por los censores romanos (1749).

Con gran firmeza creyó Alfonso que su Congregación, bajo el patrocinio de la Bienaventurada Virgen María, había de colaborar esforzadamente con la Iglesia en la obra de ganar el mundo para Cristo. Por eso trabajó con todas sus fuerzas para que la Congregación se dilatara y consolidara, primero con el voto de perseverancia (1740) y después con los votos simples (1743), y para que fuese legalmente aprobada por la suprema autoridad eclesiástica. Lo cual obtuvo por fin cuando el sumo Pontífice Benedicto XIV aprobó solemnemente, el 25 de febrero de 1749, tanto el Instituto como sus Constituciones y Reglas. Desde entonces los congregados emitieron sus votos simples, reconocidos por la autoridad pontificia. Votos simples, que alcanzaron carácter de votos religiosos públicos por la Constitución Apostólica Conditae a Christo de León XIII (8-12-1900).

Gracias sobre todo al esfuerzo infatigable de san Clemente María Hofbauer (+1820), dotado “de admirable robustez de fe y de invicta confianza”, nuestra Congregación se dilató al otro lado de los Alpes. Allí encontró nuevos campos de actividad apostólica y, con el consentimiento de san Alfonso que estaba al tanto de ello, empleó nuevas formas de misión.

La Congregación comenzó a propagarse poco a poco por diversas partes de Europa. Desde allí, por el impulso del P. José Amando Passerat (+1858), atravesó el océano y se extendió por América, donde trabajó animosamente san Juan Nepomuceno Neumann. Después se propagó por otras regiones, hasta igualar sus propios confines con los límites del mundo.

De esta suerte, la Congregación del Santísimo Redentor se ha adentrado, poco a poco, en diversos campos de apostolado y ha asumido el trabajo misionero tanto entre fieles como entre no cristianos y hermanos separados de la Iglesia Católica.

Con el mismo espíritu misionero cultiva el estudio científico de los métodos pastorales, imitando a san Alfonso, quien fue proclamado Doctor de la Iglesia en 1871, y en el año 1950 fue nombrado Patrono de todos los confesores y moralistas. Asimismo, intenta proponer un camino seguro para responder al evangelio y para adquirir la perfección cristiana en las diversas circunstancias de nuestro tiempo.

Por eso todos los congregados, empeñados en proseguir la obra misionera del Santísimo Redentor y de los apóstoles, se esfuerzan diligentemente por conservar el espíritu del santo fundador Alfonso, en constante armonía con el dinamismo misionero de la Iglesia, especialmente en favor de los pobres, y acudiendo con todo empeño en ayuda de las necesidades más urgentes del mundo actual.

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CONSTITUCIONES

MISIÓN DE LA CONGREGACIÓN
DEL SANTÍSIMO REDENTOR
EN LA IGLESIA

1 – La Congregación del Santísimo Redentor, fundada por san Alfonso, es un Instituto religioso misionero clerical, de derecho pontificio y exento, integrado por miembros de diversos ritos, cuyo fin es “seguir el ejemplo de Jesucristo Salvador en la predicación de la Palabra de Dios a los pobres, como Él dijo de sí mismo: Me envió a anunciar la buena nueva a los pobres”. [1]

La Congregación participa así de la misión de la Iglesia que, por ser sacramento universal de salvación, es esencialmente misionera. [2]

Esto lo lleva a cabo acudiendo con dinamismo misionero y esforzándose por evangelizar en las urgencias pastorales a los más abandonados, especialmente a los pobres.

La Congregación sigue el ejemplo de Cristo por medio de la vida apostólica, que comprende a la vez la vida de especial consagración a Dios y la actividad misionera de los redentoristas.

2 – Para realizar esta misión en la Iglesia, la Congregación reúne hermanos que, viviendo en común, constituyen un cuerpo misionero y, según el ministerio propio de cada uno, se vinculan orgánicamente a él por la profesión.

Movidos por el espíritu apostólico e imbuidos del celo del Fundador, fieles a la tradición marcada por sus antepasados y atentos a los signos de los tiempos, todos los redentoristas, “como cooperadores, socios y servidores de Jesucristo en la gran obra de la redención”: [3]

- son enviados a predicar el evangelio de salvación a los pobres (cap. I),

- constituyen una comunidad apostólica (cap. II),

- consagrada de modo especial al Señor (cap. IIl:),

- que recibe una formación apropiada (cap. IV)

- y está provista de formas adecuadas de gobierno (cap. V).

Capítulo Primero

EL QUEHACER MISIONERO

DE LA CONGREGACIÓN

Sección Primera

EL ANUNCIO DE LA BUENA NUEVA A LOS POBRES

3 – Los más abandonados, a los que la Congregación es enviada de modo especial, son aquellos a quienes la Iglesia no ha podido proporcionar aún medios suficientes de salvación; los que nunca oyeron el mensaje de la Iglesia o no lo aceptan al menos como buena nueva, y finalmente aquellos a quienes perjudica la división de la Iglesia.

La solicitud apostólica de la Congregación se extiende al mismo tiempo a los fieles que gozan de atención pastoral ordinaria, a fin de que, robustecidos en su fe, se renueven de continuo en su conversión a Dios y den testimonio de su fe en la vida cotidiana. [4]

4 – Entre los grupos humanos más necesitados de ayuda espiritual, los redentoristas han de prestar atención especial a los pobres, a los de condición más humilde y a los oprimidos, cuya evangelización es signo de la llegada del Reino de Dios (cf. Lc 4,18) y con quienes Cristo ha querido en cierto modo identificarse (cf. Mt 25,40). [5]

5 – La preferencia por las situaciones de necesidad pastoral o por la evangelización propiamente dicha y la opción por los pobres constituyen para la Congregación su misma razón de ser en la Iglesia y la contraseña de su fidelidad a la vocación recibida.

La misión encomendada a la Congregación de evangelizar a los pobres comprende la liberación y salvación de toda la persona humana. Los congregados deben proclamar explícitamente el evangelio, solidarizarse con los pobres, y promover sus derechos fundamentales de justicia y de libertad, empleando los medios que son más conformes con el evangelio y a la vez más eficaces. [6]

Sección segunda

LA OBRA DE LA EVANGELIZACIÓN

Art. 1 – La buena nueva de la salvación

6 – Fieles siempre al magisterio de la Iglesia, todos los redentoristas han de ser entre los hombres servidores humildes y audaces del evangelio de Cristo Redentor y Señor, principio y ejemplar de la nueva humanidad. [7]

En su anuncio proclaman de manera especial la redención copiosa: es decir, el amor del Padre “que nos amó primero y nos envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1Jn 4,10), y que vivifica por el Espíritu Santo a cuantos creen en Él. [8]

Esta redención abarca a la persona en su totalidad, y perfecciona y transfigura todos los valores humanos para que todo encuentre su unidad en Cristo (cf. Ef 1,10; 1Cor 3,23) y sea llevado hacia su fin: la tierra nueva y el cielo nuevo (cf. Ap 21,1).

Art. 2 – Los caminos de la evangelización

7 – Los redentoristas, como testigos del evangelio de la gracia de Dios (cf. Hch 20,24), reconocen ante todo la grandeza de la vocación del hombre y del género humano. Saben que todos los hombres son pecadores, pero saben también que ya han sido radicalmente elegidos, redimidos y congregados en Cristo (cf. Rm 8,29 s). [9]

Traten, pues, de ir al encuentro del Señor allí donde Él ya está presente y actúa de modo misterioso.

8 – Según las circunstancias se interrogarán constantemente qué es lo que conviene hacer o decir: si anunciar explícitamente a Cristo, o hacerlo, al menos, con el testimonio callado de la presencia fraterna.

9 – Cuando por situaciones especiales no es posible proponer de modo directo e inmediato el evangelio o su proclamación completa, los misioneros den testimonio de la caridad de Cristo con paciencia y prudencia unidas a una gran confianza, y empéñense por todos los medios en hacerse hermanos de todos y de cada uno. [10]

La expresión de esta fraternidad se realizará en la oración, el servicio sincero prestado a los demás y el testimonio de vida, irradiado en formas diversas.

Este modo de evangelizar prepara poco a poco los caminos del Señor e intensifica la vocación misionera de los redentoristas.

10 – El testimonio de vida y de caridad lleva al testimonio de la palabra (cf. Rm 10,17), de acuerdo con las posibilidades concretas y las aptitudes personales. Pues los redentoristas tienen como misión primordial en la Iglesia la proclamación explícita de la Palabra de Dios en orden a la conversión fundamental.

Llegado el momento en que el Señor les abra la puerta de la predicación (cf. Col 4,9), los congregados, siempre dispuestos a dar razón de la esperanza que los anima (cf. 1Pe 3,15), completan el testimonio callado de la presencia fraterna con el testimonio de la Palabra y proclaman con valentía y constancia el misterio de Cristo (cf. Hch 4,13. 29. 31).

Para que siempre puedan colaborar de modo más pleno en la realización del misterio de la redención de Cristo, invocarán incansablemente al Espíritu Santo, el cual, dueño de los acontecimientos, pone en los labios la palabra oportuna y abre los corazones.

Art. 3 – Finalidad de la acción misionera

11 – Elegidos por gracia divina para el ministerio de la reconciliación (cf. 2Cor 5,18), los congregados anuncian a los hombres el mensaje salvador y “el tiempo favorable” (cf. 2Cor 6,2), para que se conviertan y crean en el evangelio (cf. Mc 1,15), vivan auténtica­mente su bautismo y se revistan del hombre nuevo en Cristo (cf. Ef 4,24).

Así pues, los redentoristas son “apóstoles de la conversión”, ya que su predicación se ordena ante todo a llevar a los hombres a una radical elección de vida u opción por Cristo, y a estimularlos con suavidad y firmeza a una incesante y plena conversión. [11]

12 – Pero la conversión personal se realiza dentro de la comunidad eclesial. Por eso el fin de toda acción misionera es suscitar y formar comunidades que, viviendo dignamente la vocación a la que han sido llamadas, ejerciten la función sacerdotal, profética y regia que el Señor les ha confiado.

Los misioneros llevan a los que se convierten a participar plenamente en el misterio de la redención, que se hace efectivo en la liturgia, especialmente en el sacramento de la reconciliación, en el que de modo maravilloso se anuncia y se celebra el evangelio de la divina misericordia en Cristo, y sobre todo en la eucaristía, por la cual se edifica la Iglesia. [12]

De este modo, la comunidad cristiana se hace signo de la presencia de Dios en el mundo. Pues alimentada con la Palabra divina da testimonio de Cristo; por medio del misterio eucarístico se encamina incesantemente con Cristo al Padre; progresa en la caridad y se enardece en espíritu apostólico.

Sección Tercera

MODO DE REALIZAR LA EVANGELIZACIÓN

Art. 4 – El dinamismo misionero

13 – Al realizar su misión la Congregación procura actuar con iniciativas audaces y con tenso dinamismo.

Llamada a cumplir fielmente a través de los tiempos la obra misionera que Dios le ha confiado, va evolucionando en el modo de realizar su misión.

14 – La obra apostólica de la Congregación se caracteriza, en efecto, más que por determinadas formas de actividad, por el dinamismo misionero, es decir, por la evangelización propiamente dicha y por el servicio en favor de los hombres y los grupos que para la Iglesia y por las condiciones sociales son más pobres y necesitados (cf. CC. 3-5).

15 – La misión de la Congregación exige, por consiguiente, que los redentoristas estén libres y disponibles, tanto en lo referente a los grupos que han de evangelizar cuanto a los medios utilizados al servicio de la misión salvadora.