LA VIDA APOSTÓLICA
DE
LOS REDENTORISTAS
CONSTITUCIONES
DE LA CONGREGACIÓN
DEL SANTÍSIMO REDENTOR
______________________________
Congregatio Sanctissimi Redemptoris
Superior
Generalis
J.M.J.A.
A los queridos Cohermanos en Cristo
de la Congregación
del Santísimo Redentor
Salud en el Señor
El Concilio Vaticano II promulgó
el día 28 de octubre de 1965 el Decreto
sobre la adecuada renovación de la vida
religiosa. En el contexto de esta renovación,
nuestras Constituciones debían ser revisadas
y sometidas a la aprobación de la Santa
Sede.
Las Constituciones así renovadas,
ahora han conseguido finalmente su aprobación.
Por medio de esta carta, queridos
cohermanos, les presento la nueva edición
de las Constituciones y de los Estatutos
generales, que promulgo oficialmente.
El empeño de renovación que nuestra
Congregación ha de llevar a cabo no podía
reducirse, sin embargo, a la elaboración
de unas leyes, sino que miraba principalmente
a promover la vitalidad espiritual y apostólica
de todo el Instituto.
Por eso, finalizada nuestra legislación,
la Sagrada Congregación para los Religiosos
e Institutos seculares, a la cual fue
dado por el Papa Juan Pablo II el encargo
de aprobar las constituciones religiosas,
“confía... que los miembros de la Congregación
del Santísimo Redentor, guiados por el
ejemplo del santo Fundador, se animarán
como movidos por un nuevo estímulo al
cumplimiento de la misión que les ha sido
encomendada por la Iglesia” gracias a
las Constituciones renovadas.
Por consiguiente, a todos nos afecta
y urge la obligación de promover constantemente
la vitalidad espiritual y apostólica en
todas las provincias, viceprovincias,
regiones y comunidades, así como en nosotros
mismos.
“Como quiera que la norma última
de la vida religiosa es el seguimiento
de Cristo tal como se propone en el evangelio,
ésa se ha de tener como regla suprema
en nuestra Congregación” (C. 74). Por
tanto, nuestras Constituciones y Estatutos
renovados deben ser el fundamento y el
instrumento para este seguimiento de Cristo
y, en consecuencia, para promover una
nueva vitalidad en la Congregación.
Asimilad, pues, el espíritu que
brota del nuevo texto.
San Alfonso implore para todos nosotros este espíritu de Cristo
Redentor como don del 250 aniversario
de la fundación de la Congregación. Don
que la bienaventurada Virgen María, Patrona
de la Congregación, nos conserve.
Dado en Roma, día 25 de febrero
de 1982.
José
G. Pfab, C.Ss.R.
Superior General
___________________________________
Congregatio
Sanctissimi Redemptoris
Superior Generalis
Queridos cohermanos
en Cristo
El XX Capítulo
general, celebrado en Roma el año 1985
y clausurado el 20 de noviembre, dedicó
su atención, entre otros temas, al estudio
y revisión de algunas Constituciones y
Estatutos generales de nuestra Congregación.
Ya el año 1984 el Consejo general había
emprendido esta revisión en virtud de
las facultades otorgadas por la Congregación
para los Religiosos e Institutos seculares
en su Decreto del 26 de febrero de 1984
(cf. Gen.76/84 – Communicanda
80). El Capítulo general aprobó esta revisión
con pequeñas enmiendas. Los cambios introducidos
responden a la adaptación de nuestra legislación
al nuevo Código de derecho canónico.
El día 23 de julio de 1986 la Congregación para los Religiosos
e Institutos seculares aprobó y confirmó,
con pequeños cambios, las acomodaciones
propuestas.
Esto es lo que motiva la nueva edición de las Constituciones
y de los Estatutos generales. Queridos
cohermanos, las Constituciones y Estatutos
nos proponen el camino y la motivación
por los que, como redentoristas, nos hacemos
partícipes de la misión del Redentor,
siguiendo de cerca a Cristo y gastándonos
en el servicio de la Iglesia y de los
hombres de nuestro tiempo. He aquí el
fundamento de la unidad de nuestra vida
especialmente consagrada a Dios en la
obra misionera de la Congregación.
Promulgo oficialmente la nueva edición de las Constituciones
y de los Estatutos, redactados en lengua
latina, esperando con firme confianza
que esto contribuirá al progreso y acrecentamiento
de la vida apostólica de los cohermanos
y de las comunidades, tanto (vice)provinciales
como locales de toda la Congregación.
La Bienaventurada Virgen María, Madre del Perpetuo Socorro,
y san Alfonso nos lo concedan siempre.
Roma, día 15 de agosto de 1986.
Juan M. Lasso de la Vega, C.Ss.R.
Superior General
______________________________________
Sagrada Congregación
para los Religiosos
e Institutos seculares
Prot. nº R. 57-1/79
Decreto de Aprobación
de las Constituciones
La Congregación del Santísimo Redentor,
fundada por san Alfonso María de Liguori
principalmente para la evangelización
de los pobres, siguiendo las normas del
Concilio Vaticano II y otras directrices
de la Iglesia, ha elaborado con esmerado
y diligente trabajo un nuevo texto de
las Constituciones.
El Moderador supremo de la Congregación
ha presentado a la Santa Sede dicho texto
revisado y debidamente aprobado por los
Capítulos Generales pidiendo humildemente
sea confirmado.
Este Sagrado Dicasterio para los
Religiosos e Institutos seculares, después
de haberlo sometido a examen especial
de los Consultores y teniendo en cuenta
el voto del Congreso, decidió, tras madura
consideración, acceder a las súplicas
presentadas.
Así pues, en virtud del presente
Decreto, aprueba y confirma, observando
lo requerido en derecho, el texto presentado
con los cambios establecidos por el Congreso,
según el ejemplar redactado en lengua
latina que se conserva en su archivo,
juntamente con las fórmulas de la profesión
religiosa anejas al mismo texto.
Confía este Sagrado Dicasterio que
los miembros de la Congregación del Santísimo
Redentor, guiados por el ejemplo del santo
Fundador, se animarán como movidos por
un nuevo estímulo al cumplimiento de la
misión que les ha sido encomendada por
la Iglesia.
Dado en Roma, día 2 de febrero, en la fiesta
de la Presentación del Señor, año 1982.
E. Cardenal
Pironio, Prefecto
† Agustín Mayer, Secretario
_______________________________________
Sagrada Congregación
para los Religiosos
e
Institutos seculares
Prot. nº R. 57-1/86
El Capítulo
general de la Congregación del Santísimo
Redentor, celebrado el año 1985, acomodó
correcta y plenamente al nuevo Código
de derecho canónico las Constituciones
del Instituto, renovadas según la exhortación
del Vaticano II (PC n. 2. 3. 4) y aprobadas
por la Santa Sede en 1982. En esa ocasión
el mismo Capítulo ratificó y completó
las adaptaciones hechas, con carácter
interino, por el Consejo general, según
lo decretado por la Congregación para
los religiosos e institutos seculares
el día 2 de febrero de 1984.
El superior
General del Instituto ha sometido estas
adaptaciones a la aprobación de la Santa
Sede.
La Congregación
para los Religiosos e Institutos seculares
ha examinado atentamente las acomodaciones
propuestas y en virtud del presente Decreto
las aprueba y confirma, observando lo
requerido en derecho, con las pocas modificaciones
que se consignan en el folio adjunto.
Sin que obste nada en
contrario.
Dado en
Roma, 23 de julio de 1986.
+ Vicente Fagiolo, Secretario
Jesús Torres, CMF., Subsecretario
______________________________________
Congregatio
Sanctissimi Redemptoris
Superior Generalis
A los Superiores (V)Provinciales
y a todos los cohermanos de habla española
Decreto
Después
de haber sometido al diligente examen
de diversos peritos esta traducción al
español de nuestras Constituciones y Estatutos
generales,
declaro y certifico
que corresponde fielmente al texto
original.
Pero téngase siempre presente que
el
texto auténtico es el latino.
Roma, Festividad de Pentecostés,
11 de
Junio del 2000
Joseph
W. Tobin, C.Ss.R.
Superior General
James
Casey, C.Ss.R.
Secretario General
_____________________________________
ABREVIATURAS
DOCUMENTOS DEL CONCILIO VATICANO II
AA Apostolicam
Actuositatem (apostolado seglar).
AG Ad
Gentes (misiones).
CD Christus
Dominus (obispos).
DV Dei
Verbum (revelación).
GS Gaudium et Spes (Iglesia
en el mundo).
IM Inter Mirifica (medios
de comunicación).
LG Lumen Gentium (Iglesia).
OT Optatam Totius (formación
sacerdotal).
PC Perfectae
Caritatis (religiosos).
PO Presbyterorum
Ordinis (presbíteros).
SC Sacrosanctum
Concilium (liturgia).
UR Unitatis Redintegratio
(ecumenismo).
OTROS DOCUMENTOS ECLESIALES
Can Canon del Código de Derecho Canónico, 1983.
EN Evangelii
Nuntiandi = Exhortación apostólica
de Pablo VI sobre la evangelización,
del 8-12-1975.
ES Ecclesiae Sanctae = Motu
proprio de Pablo VI, del 6-8-1966.
MR Mutuae
relationes = Instrucción de la Santa
Sede sobre las relaciones entre los
obispos y los religiosos, del
14-4-1978.
PPr Populorum
Progressio = Encíclica de
Pablo VI, del 26-3-1967.
RC Renovationis
causam = Instrucción de la Congregación
para los Religiosos e Institutos
seculares, del 6-1-1969.
DOCUMENTOS DE LA CONGREGACIÓN
C (CC) Constitución
(Constituciones) CSsR.
Const. a. Constituciones anteriores a 1963.
DC
Directorio de Capítulos.
Doc. M Documenta miscellanea CSsR.
DS
Directorio de
Superiores.
SHCSR Spicilegium
Historicum CSsR.
_____________________________________
Las palabras y las notas al pie de página que están entre
paréntesis cuadrados son explicativas
y propias de esta edición española. Cuando
se hace referencia al Código de Derecho
Canónico es porque el texto ha sido tomado
casi literalmente de allí.
______________________________________
SUPPLEX LIBELLUS
Súplica
de Alfonso de Liguori y de sus compañeros
al Papa, pidiendo
la aprobación del Instituto y de las Reglas
(1748)
Beatísimo Padre:
El sacerdote Alfonso de Liguori, napolitano,
con los otros sacerdotes misioneros, compañeros
suyos, reunidos bajo el título del Santísimo
Salvador, humildemente exponen a Su Santidad:
Que habiéndose dedicado el suplicante por
muchos años a las santas misiones como
hermano de la Congregación de las Misiones
Apostólicas, erigida en la catedral de
Nápoles, y habiendo palpado el gran abandono
en que se encuentran los pobres en extensas
regiones del Reino, especialmente los
de las comarcas rurales, se unió con dichos
sacerdotes, compañeros suyos desde el
año 1732, bajo la dirección del difunto
monseñor Falcoia, obispo de Castellamare,
a fin de dedicarse a ayudar con misiones,
instrucciones y otros ejercicios [ministeriales]
a los pobres del campo. Éstos
son los más necesitados de auxilios espirituales,
al faltarles con frecuencia quien les
administre los santos sacramentos y la
palabra divina; tanto que muchos, por
falta de obreros [apostólicos], llegan
a la muerte sin conocer ni siquiera las
verdades necesarias de la fe. Porque son
pocos los sacerdotes que se dedican expresamente
al cuidado de los pobres campesinos, a
causa de los gastos necesarios y, más
aún, de las incomodidades que hay que
soportar en este empeño. Por esto los
suplicantes, desde entonces, han estado
ayudando a estas pobres gentes con las
misiones, recorriendo los campos y los
lugares más abandonados de seis provincias
del Reino [de Nápoles], con tanto provecho
por todas partes, que habiendo llegado
esto a conocimiento de su majestad el
Rey, especialmente los trabajos soportados
en beneficio de los numerosos pastores
de Apulia, ha concedido por medio de varios
decretos una asignación anual para el
mantenimiento de esta obra, recomendándola
como utilísima para el bien general de
su Reino. El mismo eminentísimo arzobispo
de Nápoles, que con tanto celo gobierna
su Iglesia, se ha dignado llamar a los
suplicantes en su ayuda, para dar las
misiones en los caseríos de su diócesis.
Para [realizar] este objetivo los suplicantes,
con la aprobación canónica de los Ordinarios
y con el beneplácito del Rey, se han reunido
para vivir en algunas casas o retiros,
situados fuera de las poblaciones, en
diversos lugares del Reino, como en la
diócesis de Salerno, de Bovino, de Nocera,
y últimamente en la diócesis de Conza,
en la cual, con el consentimiento apostólico
de la Sagrada Congregación de Obispos
y Religiosos, se les ha cedido a los suplicantes
la iglesia de Santa María Mater Domini con la casa adyacente, junto
con un beneficio del clero de la región
de Caposele y algunas rentas asignadas
por diversos bienhechores, especialmente
por el arzobispo de dicha diócesis. En
estas casas, además de las misiones, que
los suplicantes han predicado continuamente,
se ha proporcionado también la oportunidad
a los campesinos de acudir de sus aldeas,
donde ya tuvieron la misión, para renovar
sus confesiones y enfervorizarse con la
santa predicación. En las mismas casas
se han dado también varias veces al año
ejercicios espirituales cerrados, tanto
a los ordenandos como a los párrocos y
sacerdotes enviados por sus obispos, así
como a los seglares. Esto ha sido de gran
utilidad para ellos mismos y para los
demás, porque los sacerdotes, tras haber
salido reformados con tales ejercicios,
se han hecho dignos ministros de la Iglesia
para bien de sus coterráneos. Todo esto
se prosigue sin interrupción, acrecentando
cada vez más la concurrencia y el provecho
de la gente.
El Señor, con su mano, ha bendecido mucho
esta obra, no sólo con la conversión de
muchas almas abandonadas y con el provecho
de las comarcas donde los suplicantes
han trabajado, sino también con el aumento
de candidatos que hasta el presente se
han ido incorporando a esta asociación,
de manera que en este momento casi llegan
al número de cuarenta.
Santísimo Padre, este es el estado en que
se halla esta nueva obra. Pero si Su Santidad
no se digna concederle su aprobación apostólica,
la misión no podrá continuar su feliz
desarrollo. Por lo que el suplicante y
sus compañeros, postrados a sus pies,
por el amor que Su Santidad demuestra
por la gloria de Jesucristo y por la salud
espiritual de tantos pobres campesinos,
que son los hijos más desamparados en
la Iglesia de Dios, le suplican se digne
conceder su asentimiento apostólico a
fin de que la mencionada asociación se
erija y constituya como Congregación de
sacerdotes seculares con el título del
Santísimo Salvador, sujeta siempre a la
jurisdicción de los Ordinarios de los
lugares, similar a las Congregaciones
de los Padres de la Misión y de los Píos
Operarios, con la peculiaridad de tener
siempre los congregados sus casas fuera
de las poblaciones y en medio de las diócesis
más necesitadas, para dedicarse mejor
al servicio de los campesinos y poder
estar así más disponibles para salir en
su socorro.
Dígnese también aprobar las Reglas que a su tiempo depositarán
a sus pies, confiando en que Su Santidad,
que tiene tanto celo por el bien de las
almas, en particular de estos pobres campesinos
(como lo ha demostrado con la carta circular
a los obispos del Reino de Nápoles, insistiendo
en socorrerlos lo más posible con las
santas misiones), se dignará dar estabilidad
con su autoridad suprema a una obra no
sólo muy útil, sino también muy necesaria
para ayudar a tantas pobres almas que
viven privadas de socorros espirituales
en las comarcas rurales de este Reino
tan dilatado.
Y lo tendrán como gracia de Dios.
[Traducción del original italiano publicado en SHCSR 17 (1969) 220-223].
__________________________________
PROEMIO
HISTÓRICO
ORIGEN Y DESARROLLO
DE LA CONGREGACIÓN
DEL SANTÍSIMO
REDENTOR
Compadecido de los pobres, sobre
todo de los campesinos, que entonces constituían
una gran parte del pueblo, san Alfonso
María de Liguori, el año 1732, en la ciudad
de Scala (Reino de Nápoles), fundó la
Congregación de Misioneros del Santísimo
Salvador, llamada después (1749) del Santísimo
Redentor, para que siguiendo al mismo
Redentor predicaran el evangelio a los
pobres: “Me envió a anunciar la Buena
Nueva a los pobres” (Lc 4,18).
Él mismo y sus compañeros, entre
los que brilló san Gerardo Maiella, se
esforzaron por remediar las necesidades
espirituales que entonces experimentaban
las pobres gentes del campo, sobre todo
con misiones, ejercicios espirituales
y renovaciones, a ejemplo de san Pablo
(Hch 15,36).
Ardía Alfonso en deseos de predicar
el evangelio, tanto a los pueblos de Africa
y Asia, cosa que él mismo manifestó muchas
veces en sus cartas, como a los cristianos
separados de la Iglesia Católica, por
ejemplo los Nestorianos de Mesopotamia.
Procuró encender en sus hijos el ardor
apostólico proponiendo en las Constituciones
el voto especial de evangelizar a los
infieles (1743), voto que fue suprimido
por los censores romanos (1749).
Con gran firmeza creyó Alfonso que
su Congregación, bajo el patrocinio de
la Bienaventurada Virgen María, había
de colaborar esforzadamente con la Iglesia
en la obra de ganar el mundo para Cristo.
Por eso trabajó con todas sus fuerzas
para que la Congregación se dilatara y
consolidara, primero con el voto de perseverancia
(1740) y después con los votos simples
(1743), y para que fuese legalmente aprobada
por la suprema autoridad eclesiástica.
Lo cual obtuvo por fin cuando el sumo
Pontífice Benedicto XIV aprobó solemnemente,
el 25 de febrero de 1749, tanto el Instituto
como sus Constituciones y Reglas. Desde
entonces los congregados emitieron sus
votos simples, reconocidos por la autoridad
pontificia. Votos simples, que alcanzaron
carácter de votos religiosos públicos
por la Constitución Apostólica Conditae
a Christo de León XIII (8-12-1900).
Gracias sobre todo al esfuerzo infatigable
de san Clemente María Hofbauer (+1820),
dotado “de admirable robustez de fe y
de invicta confianza”, nuestra Congregación
se dilató al otro lado de los Alpes. Allí
encontró nuevos campos de actividad apostólica
y, con el consentimiento de san Alfonso
que estaba al tanto de ello, empleó nuevas
formas de misión.
La
Congregación comenzó a propagarse poco
a poco por diversas partes de Europa.
Desde allí, por el impulso del P. José
Amando Passerat (+1858), atravesó el océano
y se extendió por América, donde trabajó
animosamente san Juan Nepomuceno Neumann.
Después se propagó por otras regiones,
hasta igualar sus propios confines con
los límites del mundo.
De esta suerte, la Congregación
del Santísimo Redentor se ha adentrado,
poco a poco, en diversos campos de apostolado
y ha asumido el trabajo misionero tanto
entre fieles como entre no cristianos
y hermanos separados de la Iglesia Católica.
Con el mismo espíritu misionero
cultiva el estudio científico de los métodos
pastorales, imitando a san Alfonso, quien
fue proclamado Doctor de la Iglesia en
1871, y en el año 1950 fue nombrado Patrono
de todos los confesores y moralistas.
Asimismo, intenta proponer un camino seguro
para responder al evangelio y para adquirir
la perfección cristiana en las diversas
circunstancias de nuestro tiempo.
Por eso todos los congregados, empeñados
en proseguir la obra misionera del Santísimo
Redentor y de los apóstoles, se esfuerzan
diligentemente por conservar el espíritu
del santo fundador Alfonso, en constante
armonía con el dinamismo misionero de
la Iglesia, especialmente en favor de
los pobres, y acudiendo con todo empeño
en ayuda de las necesidades más urgentes
del mundo actual.
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CONSTITUCIONES
MISIÓN DE LA CONGREGACIÓN
DEL SANTÍSIMO REDENTOR
EN LA IGLESIA
1 – La Congregación del
Santísimo Redentor, fundada por san Alfonso,
es un Instituto religioso misionero clerical,
de derecho pontificio y exento, integrado
por miembros de diversos ritos, cuyo fin
es “seguir el ejemplo de Jesucristo Salvador
en la predicación de la Palabra de Dios
a los pobres, como Él dijo de sí mismo:
Me envió a anunciar la buena nueva a los
pobres”.
[1]
La Congregación
participa así de la misión de la Iglesia
que, por ser sacramento universal de salvación,
es esencialmente misionera.
[2]
Esto
lo lleva a cabo acudiendo con dinamismo
misionero y esforzándose por evangelizar
en las urgencias pastorales a los más
abandonados, especialmente a los pobres.
La Congregación sigue el ejemplo de Cristo
por medio de la vida apostólica, que comprende
a la vez la vida de especial consagración
a Dios y la actividad misionera de los
redentoristas.
2 – Para realizar esta
misión en la Iglesia, la Congregación
reúne hermanos que, viviendo en común,
constituyen un cuerpo misionero y, según
el ministerio propio de cada uno, se vinculan
orgánicamente a él por la profesión.
Movidos
por el espíritu apostólico e imbuidos
del celo del Fundador, fieles a la tradición
marcada por sus antepasados y atentos
a los signos de los tiempos, todos los
redentoristas, “como cooperadores, socios
y servidores de Jesucristo en la gran
obra de la redención”:
[3]
- son enviados a predicar el evangelio de salvación a los
pobres (cap. I),
- constituyen una comunidad apostólica (cap. II),
- consagrada de modo especial al Señor (cap. IIl:),
- que recibe una formación apropiada (cap. IV)
- y está provista de formas adecuadas de gobierno
(cap. V).
Capítulo Primero
EL QUEHACER MISIONERO
DE LA CONGREGACIÓN
Sección Primera
EL ANUNCIO DE LA BUENA NUEVA A LOS POBRES
3 – Los más abandonados,
a los que la Congregación es enviada de
modo especial, son aquellos a quienes
la Iglesia no ha podido proporcionar aún
medios suficientes de salvación; los que
nunca oyeron el mensaje de la Iglesia
o no lo aceptan al menos como buena nueva,
y finalmente aquellos a quienes perjudica
la división de la Iglesia.
La solicitud
apostólica de la Congregación se extiende
al mismo tiempo a los fieles que gozan
de atención pastoral ordinaria, a fin
de que, robustecidos en su fe, se renueven
de continuo en su conversión a Dios y
den testimonio de su fe en la vida cotidiana.
[4]
4 – Entre los grupos humanos
más necesitados de ayuda espiritual, los
redentoristas han de prestar atención
especial a los pobres, a los de condición
más humilde y a los oprimidos, cuya evangelización
es signo de la llegada del Reino de Dios
(cf. Lc 4,18) y con quienes Cristo ha
querido en cierto modo identificarse (cf.
Mt 25,40).
[5]
5 – La preferencia por
las situaciones de necesidad pastoral
o por la evangelización propiamente dicha
y la opción por los pobres constituyen
para la Congregación su misma razón de
ser en la Iglesia y la contraseña de su
fidelidad a la vocación recibida.
La misión encomendada
a la Congregación de evangelizar a los
pobres comprende la liberación y salvación
de toda la persona humana. Los congregados
deben proclamar explícitamente el evangelio,
solidarizarse con los pobres, y promover
sus derechos fundamentales de justicia
y de libertad, empleando los medios que
son más conformes con el evangelio y a
la vez más eficaces.
[6]
Sección segunda
LA OBRA DE LA EVANGELIZACIÓN
Art. 1 – La buena nueva de la salvación
6 – Fieles siempre al
magisterio de la Iglesia, todos los redentoristas
han de ser entre los hombres servidores
humildes y audaces del evangelio de Cristo
Redentor y Señor, principio y ejemplar
de la nueva humanidad.
[7]
En su anuncio
proclaman de manera especial la redención
copiosa: es decir, el amor del Padre “que
nos amó primero y nos envió a su Hijo como
propiciación por nuestros pecados” (1Jn
4,10), y que vivifica por el Espíritu Santo
a cuantos creen en Él.
[8]
Esta redención
abarca a la persona en su totalidad, y
perfecciona y transfigura todos los valores
humanos para que todo encuentre su unidad
en Cristo (cf. Ef 1,10; 1Cor 3,23) y sea
llevado hacia su fin: la tierra nueva
y el cielo nuevo (cf. Ap 21,1).
Art. 2 – Los caminos de la evangelización
7 – Los redentoristas,
como testigos del evangelio de la gracia
de Dios (cf. Hch 20,24), reconocen ante
todo la grandeza de la vocación del hombre
y del género humano. Saben que todos los
hombres son pecadores, pero saben también
que ya han sido radicalmente elegidos,
redimidos y congregados en Cristo (cf.
Rm 8,29 s).
[9]
Traten,
pues, de ir al encuentro del Señor allí
donde Él ya está presente y actúa de modo
misterioso.
8 – Según
las circunstancias se interrogarán constantemente
qué es lo que conviene hacer o decir:
si anunciar explícitamente a Cristo, o
hacerlo, al menos, con el testimonio callado
de la presencia fraterna.
9 – Cuando
por situaciones especiales no es posible
proponer de modo directo e inmediato el
evangelio o su proclamación completa,
los misioneros den testimonio de la caridad
de Cristo con paciencia y prudencia unidas
a una gran confianza, y empéñense por
todos los medios en hacerse hermanos de
todos y de cada uno.
[10]
La expresión
de esta fraternidad se realizará en la
oración, el servicio sincero prestado
a los demás y el testimonio de vida, irradiado
en formas diversas.
Este modo
de evangelizar prepara poco a poco los
caminos del Señor e intensifica la vocación
misionera de los redentoristas.
10 – El testimonio de vida
y de caridad lleva al testimonio de la
palabra (cf. Rm 10,17), de acuerdo con
las posibilidades concretas y las aptitudes
personales. Pues los redentoristas tienen
como misión primordial en la Iglesia la
proclamación explícita de la Palabra de
Dios en orden a la conversión fundamental.
Llegado
el momento en que el Señor les abra la
puerta de la predicación (cf. Col 4,9),
los congregados, siempre dispuestos a
dar razón de la esperanza que los anima
(cf. 1Pe 3,15), completan el testimonio
callado de la presencia fraterna con el
testimonio de la Palabra y proclaman con
valentía y constancia el misterio de Cristo
(cf. Hch 4,13. 29. 31).
Para que
siempre puedan colaborar de modo más pleno
en la realización del misterio de la redención
de Cristo, invocarán incansablemente al
Espíritu Santo, el cual, dueño de los
acontecimientos, pone en los labios la
palabra oportuna y abre los corazones.
Art. 3 – Finalidad de la acción misionera
11 – Elegidos por gracia
divina para el ministerio de la reconciliación
(cf. 2Cor 5,18), los congregados anuncian
a los hombres el mensaje salvador y “el
tiempo favorable” (cf. 2Cor 6,2), para
que se conviertan y crean en el evangelio
(cf. Mc 1,15), vivan auténticamente su
bautismo y se revistan del hombre nuevo
en Cristo (cf. Ef 4,24).
Así pues,
los redentoristas son “apóstoles de la
conversión”, ya que su predicación se
ordena ante todo a llevar a los hombres
a una radical elección de vida u opción
por Cristo, y a estimularlos con suavidad
y firmeza a una incesante y plena conversión.
[11]
12 – Pero
la conversión personal se realiza dentro
de la comunidad eclesial. Por eso el fin
de toda acción misionera es suscitar y
formar comunidades que, viviendo dignamente
la vocación a la que han sido llamadas,
ejerciten la función sacerdotal, profética
y regia que el Señor les ha confiado.
Los
misioneros llevan a los que se convierten
a participar plenamente en el misterio
de la redención, que se hace efectivo
en la liturgia, especialmente en el sacramento
de la reconciliación, en el que de modo
maravilloso se anuncia y se celebra el
evangelio de la divina misericordia en
Cristo, y sobre todo en la eucaristía,
por la cual se edifica la Iglesia.
[12]
De este modo, la comunidad
cristiana se hace signo de la presencia
de Dios en el mundo. Pues alimentada con
la Palabra divina da testimonio de Cristo;
por medio del misterio eucarístico se
encamina incesantemente con Cristo al
Padre; progresa en la caridad y se enardece
en espíritu apostólico.
Sección Tercera
MODO DE REALIZAR LA EVANGELIZACIÓN
Art. 4 – El dinamismo misionero
13 – Al realizar su misión
la Congregación procura actuar con iniciativas
audaces y con tenso dinamismo.
Llamada
a cumplir fielmente a través de los tiempos
la obra misionera que Dios le ha confiado,
va evolucionando en el modo de realizar
su misión.
14 – La obra apostólica
de la Congregación se caracteriza, en
efecto, más que por determinadas formas
de actividad, por el dinamismo misionero,
es decir, por la evangelización propiamente
dicha y por el servicio en favor de los
hombres y los grupos que para la Iglesia
y por las condiciones sociales son más
pobres y necesitados (cf. CC. 3-5).
15 – La misión de la Congregación
exige, por consiguiente, que los redentoristas
estén libres y disponibles, tanto en lo
referente a los grupos que han de evangelizar
cuanto a los medios utilizados al servicio
de la misión salvadora.