Transición al Ministerio
Introducción
Los estudios realizados
por la Unión de Superiores Generales en Roma
han demostrado que un número elevado de religiosos
deciden abandonar la vida religiosa, lo hacen
en los cinco primeros años después de la formación
inicial. De ahí la importancia crítica de un
programa de transición al ministerio para quienes
están en estos cinco primeros años.
Por otra parte, la
experiencia de las Visitas Generales indica
que la etapa de transición al Ministerio se
descuida con mucha frecuencia o recibe escasa
atención directa en las Unidades de la Congregación.
La Ratio Formationis C.Ss.R. 2003 señala la
transición al Ministerio como la primera etapa
de la formación continua: “El objetivo de este
programa… es acompañar al cohermano para que
consolide el sentido comunitario en una nueva
actitud de corresponsabilidad. Se trata de un
programa estructurado que incluye todas las
dimensiones de nuestra vida apostólica, realizado
bajo la guía de un coordinador capaz de animar
y acompañar, y cuyo papel debe ser delineado
con claridad. Es útil contar con la ayuda de
otros cohermanos o de expertos en consejería.
Para algunas Unidades es recomendable que al
menos una parte de este programa se haga en
colaboración interregional” (RF
104).
Es esencial que cada Unidad planee y cumpla cuidadosamente las
exigencias de un buen programa de transición
al Ministerio, debido a la importancia crítica
de esta etapa de formación en la vida de nuestros
cohermanos jóvenes.
Programa de transición al Ministerio
El programa de transición
al Ministerio debe incluir cinco niveles:
1.
Cada cohermano en su transición de una comunidad y programa
de formación inicial a una comunidad y ministerio
apostólico activo;
2.
El mentor [consejero, guía, asesor, maestro, tutor] – su papel
y responsabilidades;
3.
La comunidad local que recibe al cohermano;
4.
La comunidad (Vice)Provincial;
5.
La colaboración inter-provincial.
Cada uno de estos niveles debe organizarse de una manera clara
y complementaria.
Cada cohermano
La transición
al terminar la formación inicial, pasando del
ambiente de una comunidad y
programa de formación a una comunidad activa
organizada de manera diferente y al ejercicio del ministerio puede resultar muy complicada al cohermano. Este paso concreto se puede experimentar como un “desarraigo”
del cohermano joven. Su entorno será con frecuencia
muy diverso. Por fuerza, la organización cotidiana
deberá ser más flexible y adaptada a las circunstancias.
Con frecuencia deberá dejar a sus compañeros
y amigos que le han brindado apoyo, al igual
que a sus formadores a quienes ha conocido y
en quienes ha confiado.
Esta transición le
afectará en cada una de las cinco dimensiones
señaladas en nuestra Ratio: humana, espiritual, comunitaria,
académico/profesional, y pastoral. Responsabilidad
básica del mismo cohermano es continuar su proceso
de crecimiento humano y espiritual, profundizar
su experiencia de la comunidad apostólica y
su vinculación a ella, continuar su aprendizaje
académico, profesional y pastoral. No se le
puede dejar solo en este empeño.
En consecuencia, la Ratio
Formationis C.Ss.R. 2003 supone que se debe
asignar a un cohermano competente para que lo
acompañe.
El mentor
La función y responsabilidad
del mentor deben quedar descritas cuidadosamente
en el programa de Transición al Ministerio de
cada Unidad. Se deben incluir por lo menos los
siguientes puntos:
·
Se sugiere que el mentor sea escogido
por el Superior de la Unidad.
·
Se debe especificar con claridad tanto
su papel como el del superior local. (En algunos
casos puede ser la misma persona).
·
Es tarea del mentor dar ánimo, advertir
los peligros y ofrecer apoyo.
·
Debe darse cuenta si hay equilibrio
en la vida del cohermano que hace su transición
al ministerio. Debe estar atento al exceso de
trabajo, aislamiento, complicación en situaciones
emocionales y otras áreas que pueden hacerlo
vulnerable en los primeros años de su ministerio.
·
Le corresponde al mentor cerciorarse
de que el cohermano tiene suficiente espacio
físico y emocional, como también sanas vías
de escape.
·
Se deben programar encuentros regulares
entre el mentor y el cohermano.
Se deben enviar informes periódicos al Superior de la Unidad.
La Comunidad local
La Comunidad local
que recibe a un cohermanos durante sus primeros
cinco años de ministerio, tiene la gran responsabilidad
de darle la oportunidad para su sana transición,
ya que se está vinculando plenamente al apostolado
activo y a la vida comunitaria de la (V)Provincia.
Es importante que
cada comunidad a la que se le asigna un cohermanos
en esta etapa de formación le garantice:
1.
Que la comunidad cuenta con un Plan de Vida Comunitaria, de
acuerdo a lo mandado en el Capítulo General
XXII de 1997;
2.
Que le ofrezcan las estructuras básicas que sostengan y animen
el crecimiento en las cinco dimensiones de una
adecuada formación: humana, espiritual, comunitaria,
académica/profesional y pastoral;
3.
Que esté preparada para integrar al cohermano joven como activo
participante en su vida y ministerio, con sentido
de equipo.
Es responsabilidad de cada miembro de la comunidad local apoyar
y animar la formación continua del cohermano
en la etapa de transición al Ministerio. Con
todo, es responsabilidad del superior local
garantizar la vida comunitaria y las estructuras
que se requieren.
La Comunidad (Vice)Provincial
La adecuada integración
de los cohermanos en la vida apostólica activa
de la (V)Provincia cuando termina la Formación
inicial, es indispensable para la vida de toda
la Unidad.
Es responsabilidad
del Superior de la Unidad con su Consejo, garantizar
que las comunidades locales a las que se asignan
estos cohermanos puedan ofrecer las condiciones
necesarias para su integración y formación continua.
Más aún, se ha comprobado
en muchas Unidades que el programa de transición
al Ministerio debe organizar encuentros periódicos
en que se reúnan todos los cohermanos en sus
primeros cinco años, una vez terminada su formación
inicial. Estos encuentros incluyen: talleres,
jornadas de estudio, retiros, mesas redondas,
etc. Un cohermano debe coordinar estos encuentros,
y se deben programar al menos una vez al año
bajo la dirección del Secretariado de Formación.
El programa de transición al Ministerio debe trazar las expectativas
y responsabilidades que implica este nivel de
formación.
Colaboración Inter-Provincial
Como lo indica la Ratio Formationis C.Ss.R 2003, muchos de los programas y encuentros antes
sugeridos se pueden desarrollar mejor en colaboración
entre las Unidades de una determinada Región.
Puesto que la Congregación se orienta
hacia la reestructuración y hacia una mayor
colaboración inter-provincial, es importante
atender especialmente esta área. Tal colaboración
debe fortalecer y desarrollar:
·
Los compromisos que se han iniciado
en las áreas anteriores de la formación;
·
Las posibilidades de colaboración inter-provincial
en la misión y formación;
·
La colaboración más activa a todos
los niveles entre las Unidades.
Conclusión
El programa de transición
al Ministerio para cada Unidad debe atender:
·
Las necesidades de cada cohermano,
especialmente en cuanto al acompañamiento en
este proceso de transición;
·
El papel y responsabilidad del mentor
designado para acompañar al cohermano en esta
etapa de transición;
·
La comunidad local a la que es nombrado
el cohermano;
·
La responsabilidad de la (V)Provincia
para organizar y llevar a cabo encuentros y
programas para estos cinco años;
·
Las oportunidades de colaboración inter-provincial
en esta área básica de la formación Redentorista.