El
acompañamiento
El
acompañamiento es el secreto de la buena formación.
El trabajo del formador es el de supervisar
cómo va el proceso de desarrollo y crecimiento
que debe formar parte de toda la vida de la
Congregación. Efectivamente, el ejercicio
de la autoridad y de la obediencia es siempre
más de tipo relacional que directivo.
De este modo, desde el inicio, los jóvenes que acuden
como candidatos a la vida redentorista necesitan,
de alguna forma, ser acompañados. Caminar
con alguien es una tarea que no necesariamente
tiene que limitarse a un formador designado
al efecto. A veces, el acompañante puede ser
un Redentorista de mayor edad; a veces, un
no Redentorista; y, otras veces, un laico;
todo lo anterior dependiendo de la situación
y del tipo de acompañamiento exigido. Sin
embargo, es importante enfatizar que el Director
de la formación es siempre el primer acompañante
cuya aprobación es necesaria cuando se da
alguna otra forma de acompañamiento como el
"externo".
Veamos las diversas etapas de formación y lo que puede
adecuarse a cada una de ellas.
Acompañamiento vocacional
Obviamente, sería imposible para el Director de vocaciones
acompañar personalmente a cada uno de los
jóvenes que muestra interés por entrar en
nuestro Instituto. Sin embargo, incluso en
esta etapa son necesarios tanto algún tipo
de acompañamiento como también alguna forma
de discernimiento. Es tarea del Director de
vocaciones invitar al aspirante a visitar
alguna de nuestras casas en plan de visitas
periódicas (esto forma parte del acompañamiento),
y también ayudarlo a encontrar un sacerdote,
o un/a religioso/a, o un laico, que pueda,
de vez en cuando, guiarlo con una especie
de itinerario de cara al futuro. Un encuentro
mensual con tal persona sería algo aconsejable.
La fidelidad a dichos encuentros será un buen
termómetro para medir la seriedad del deseo
del aspirante.
Es necesario que se piense en esto: a) ¿Es obligado
un informe del acompañante? b) Caso de tener
que pagar honorarios ¿quién es el responsable?
Postulantado
Durante el tiempo del postulantado, al candidato debe
acompañársele más de cerca. La forma puede
ser la de una dirección espiritual y la de
un discernimiento vocacional. Tendrá una frecuencia
más regular y estará más orientado en la dirección
propia. Durante esta etapa no es recomendable
que el candidato busque la dirección espiritual
fuera, sino que dialogue con el formador.
Noviciado
Aquí la dirección espiritual es delicada y está relacionada
con las opciones del discernimiento de vida
y con la aptitud para mantener y desarrollar
una relación viva con Jesús. Durante el noviciado,
el acompañamiento se da, en cierto sentido,
a un nivel más intenso. Aunque la apertura
sea un prerrequisito esencial de todo acompañamiento,
el Maestro de Novicios no debe confundirla
con la desnudez espiritual. Al novicio debe
garantizársele algo de privacidad del corazón.
Naturalmente, ésta se da en el sacramento
de la reconciliación. Sin embargo, libertad
y espacio son prerrequisitos de un rico crecimiento.
Por tanto, el Maestro de Novicios debe tener
cierta habilidad en el arte del acompañamiento
que, en esta etapa, es por excelencia un acompañamiento
espiritual. Al final del noviciado, el novicio
deberá entregar su corazón a Dios a través
de los votos. Entonces, el Maestro de Novicios
debe estar seguro, al menos, de la dirección
del corazón. Esto se realiza mediante encuentros
regulares y de dirección que, tradicionalmente,
llamamos coloquios.
Profesión temporal
Estos años son muchas veces años de crecimiento y desarrollo.
Son también los años de la libertad comparativa
después del noviciado. A todo profeso de votos
temporales debe animársele a encontrar un
director espiritual, bien dentro de la familia
redentorista bien fuera de ella. Es importante
que se obtenga la aprobación del Prefecto.
Ofrecer una lista de directores acreditados
suele ayudar frecuentemente al profeso. Los
encuentros deben ser un complemento de los
coloquios regulares que todavía es necesario
mantener. Aquí, el acompañamiento sirve para
posibilitar al cohermano el que logre un más
profundo compromiso con Dios, con la Congregación
y con la gente, especialmente con los pobres
y abandonados. Obviamente, el acompañamiento
debe incluir la vida consagrada y el celo
apostólico – con atención también a las relaciones
dentro de la comunidad. Aquí debe procurarse
un equilibrio; es decir, dejar la mayor libertad
posible y ver cómo es usada, así como ver
también cuánta responsabilidad se asume.
(La Ratio General prevé un mes de preparación
especial para la profesión perpetua, pero
éste es un tema a parte).
Los primeros años de ministerio
Este tiempo es el más difícil para ofrecer el acompañamiento. Es difícil porque,
ante todo, el neoprofeso o el neosacerdote
quiere libertad - para experimentar el poder
de la Palabra y del ministerio. Es también
difícil porque es problemático marcar tiempos
regulares de encuentros y encontrar personas
que quieran y puedan acompañar a estos cohermanos.
Sin embargo, todas nuestras estadísticas dicen
que ésta es la etapa en la que la mayoría
de los cohermanos experimenta serios problemas.
Por tanto, en la Ratio local debe trazarse
un programa de acompañamiento. Además, el
acompañamiento en esta etapa no debe consistir
en una forma de vigilancia a modo de "hermano
mayor", sino en una amigable compañía
con el cohermano para guiarlo cuando se sienta
perdido o se enfrente a un terreno difícil
o peligroso. Es una etapa muy difícil para
los superiores. El equilibrio entre mostrar
interés y que uno no se sea tenido como invasor
es delicado. Una conversación franca con el
joven cohermano al comienzo de esta experiencia
ayudará en este sentido. Sobre todo, debe
elaborarse un calendario de encuentros regulares
con el acompañante.
Formas especiales de acompañamiento
Coloquio
El coloquio, ese tipo de conversación familiar con el
responsable del cuidado pastoral del individuo
en cualquier etapa de su vida, ha sido siempre
una característica de la formación redentorista.
No se trata ni de una dirección espiritual,
ni de una manifestación completa de conciencia.
El coloquio es una oportunidad para una relación
de confianza y de apertura en orden al desarrollo,
especialmente en orden al progresivo crecimiento
del espíritu redentorista. Los estilos de
coloquio varían de acuerdo con los sujetos
en cuestión. Sin embargo, es vital que dicho
coloquio sea regular, confidencial y cordial,
imbuido de una atmósfera de mutua confianza
y aceptación.
El coloquio es una oportunidad para desahogarse, expresar
los miedos y las frustraciones, revisar las
relaciones de comunidad, hablar de las relaciones
de la persona con Dios, para abordar, en fin,
todo el campo de la vida redentorista. De
hecho, es la herramienta principal de ayuda
en la formación inicial. Entre las áreas
que deben tratarse en el coloquio están: a)
la presencia para sí mismo; b) la presencia
para Dios; c) la presencia para los demás.
Esto significa que áreas como la salud, las relaciones,
la vida de oración, el ocio, la sexualidad,
el estudio y ministerio pastoral serán todos
temas de buenos coloquios realizados a lo
largo de meses y años.
El aconsejar ayuda
Es importante reconocer que los
formadores son "médicos de medicina general"
en su campo. No son, ni pueden ser, especialistas
en psicología, espiritualidad, consejo, supervisión
y todas las demás ciencias que tienen que
ver con la formación. Por tanto, debe haber
una lista de profesionales disponibles. Normalmente,
los años de formación, aunque sean años de
crecimiento, no son un tiempo para aconsejar
en profundidad, ni son tampoco una terapia.
Puede ocurrir, sin embargo, que de vez en
cuando se encuentre un cohermano en formación
que tiene necesidades especiales. Frecuentemente
surgen a través de la vida religiosa, o puede
darse que no fueran tratadas apropiadamente
en un etapa anterior. Es vital convencerse
de que el formador no es el consejero psicológico
del cohermano en formación. Cuando el cohermano
está recibiendo consejo temporal de alguien
de fuera, las relaciones entre el Director
y el consejero deben respetar los límites
profesionales. La relación entre el Director
y el consejero debe quedar clara desde el
principio a las tres partes interesadas.
Supervisión del ministerio pastoral
Durante la formación siempre debe haber un trabajo pastoral
en ejecución. En muchas Unidades pueden darse
incluso largos períodos de compromiso pastoral.
En tal caso, la elección del lugar debe hacerse
con la debida garantía de apoyo para el joven
cohermano. También el supervisor del trabajo
pastoral debe saber que su función no es la
de un director espiritual, ni la de un consejero,
sino la de un experto en los métodos y estilos
pastorales. Debe observar el trabajo realizado
en la zona, valorar el esfuerzo del cohermano,
alentar, corregir y aconsejar – todo esto
con referencias específicas a las iniciativas
pastorales en marcha. Muestre después un informe
al director. Como en todas las etapas de la
formación, cuando se habla de acompañamiento
debe hacerse una referencia a la etapa particular
de formación, como se subraya en el manual.
Modelos de acompañamiento
El modelo perfecto de acompañamiento no existe. Los
modelos son diferentes de acuerdo con la cultura,
la tradición y la época. La tradición oriental
de Maestro/ discípulo es la que encontró aceptación
durante siglos en nuestra Congregación, especialmente
a nivel del noviciado. En los últimos años
se han intentado diversos modelos para los
diferentes niveles de la formación. Modelos
como Director/ dirigido, mentor/amigo, supervisor/aprendiz,
cohermano de edad/neófito, líder/seguidor,
han sido todos éstos experimentados con diverso
grado de éxito. Lo importante en el acompañamiento
es que, al menos el formador, sepa qué modelo
está siguiendo, y que se lo comunique así
al formando. De este modo, puede ser adecuado
en la etapa del postulantado, por ejemplo,
adoptar un tipo de relación no directiva con
el joven que discierne su vocación, mientras
que en la preparación para los votos puede
ser aconsejable un estilo más de dirección.
Los formadores deben encontrar el modelo de
acompañamiento adecuado a la sociedad en que
se vive y no a aquel modo con el que lograr
trabajar fácilmente.
Sistemas de apoyo externo
De vez en cuando nos buscan jóvenes procedentes de un
ambiente que contaba con un sistema de fuerte
apoyo. Puede tratarse de un grupo de oración,
de un movimiento en la Iglesia, de un grupo
de terapia, de un grupo de los doce pasos,
o de un grupo de supervisión. No es realista
esperar que dejen inmediatamente dichos grupos.
Pero durante el postulantado (e incluso antes,
si fuera posible), debe invitárseles a que
empiecen un proceso que les permita desligarse
de los mismos, invirtiendo en el sistema de
formación redentorista la energía empeñada
en dicho grupo concreto. Esta etapa puede
ser difícil para el formador debido a que
el formando está recibiendo orientaciones
e instrucciones contrapuestas, unas de dentro
y otras de fuera. En último término, la solución
mejor es encontrar apoyo, especialmente en
los primeros años de la formación, dentro
de nuestras propias estructuras. Esto es muy
posible donde se dan personas bien preparadas
entre los formadores.
Salida de la vida religiosa
Muchas veces nos abandonan los sujetos, bien habiéndose
sentido antes oídos y encaminados hacia el
futuro, o puede que molestos y sin dirección.
Durante los años de discernimiento en la formación
inicial, puede que esté claro tanto para el
formador como para el formando que la opción
por la vida redentorista no es conveniente
para esa determinada persona. Esto a veces
está claro para el equipo de formación, pero
no igual de claro para el interesado. Lo que
importa es que haya diálogo y apoyo continuos.
Cuando alguien deja el sistema de formación
debe haber también alguna forma de encauzamiento
de su vida. Esto significa ofrecer posibilidades
de un ulterior apoyo, tal vez indicar una
dirección educacional, o investigar el seguimiento
de una carrera. También la familia del joven
debe estar bien informada, en cuanto lo permitan
los límites del secreto profesional.
Dirección
espiritual
La dirección espiritual es un parte vital del proceso
de crecimiento y desarrollo en nuestra vida
redentorista. Ha sido siempre una característica
de nuestro modo de vivir en la fidelidad a
Cristo. Como se ha dicho antes, cada vez más
frecuentemente los directores espirituales
de los jóvenes en formación no son Redentoristas.
Esto puede tener sus ventajas. Sin embargo,
es también importante destacar que la atención
al tiempo pasado con los directores espirituales,
la dependencia que se haya creado con ellos,
y la conveniencia de que hayan sido tales
los directores son cosas que deben ser observadas
por el Director de la formación. La vigilancia
es también necesaria cuando algún miembro
de la comunidad ya "constituida"
parece estar demasiado involucrado en el terreno
de los que están en formación. Aquí deben
observarse los límites de lo que es, o no,
sano.
Esto no pretende ser un texto exhaustivo sobre el acompañamiento.
Lo que es esencial es que la conexión entre
los formandos y el formador se mantenga viva
en todo momento por medio de reuniones regulares
y estructuradas.