Carta
a los Cohermanos
Llamado a ser
apóstol de Cristo Jesús por voluntad de Dios
(1Cor 1,1)
8 de septiembre de 2009
Natividad de la
Beata Virgen María
Prot. N° 0000 159/2009
Queridos Cohermanos:
1. Al comenzar el último mes del
sexenio, los ojos de la Congregación están
fijos en el XXIV Capítulo General. Aunque
espero poder presentar al Capítulo un informe
sobre el estado de nuestro Instituto, me gustaría
decir algo de forma directa a todos los miembros
de la Congregación que confiaron el servicio
de Superior General a un hermano indigno.
Incluyo también a las Monjas Redentoristinas
y a los demás religiosos y Misioneros Laicos
que comparten nuestro espíritu, pidiendo que
lean la presente reflexión desde el punto
de vista de su propia vocación en el Cuerpo
de Cristo. Tal vez, el lector pueda atisbar
cuánto amo a nuestra Congregación y la esperanza
que abrigo sobre nuestro futuro.
2. Durante los últimos doce años
se me ha preguntado muchas veces cómo llegué
a abrazar este ministerio. Me he visto tentado
a responder con las tres "ces" pronunciadas por nuestro santo fundador: capitolo…cavallo…cieco – ¡el Capítulo es
un caballo desbocado! Sospecho, sin embargo,
que en 1997 Dios juzgaba que yo no amaba suficientemente
a la Congregación; así que se me concedieron
doce años de intensa formación sobre la grandeza
de nuestra vocación.
3. Esta carta pretende ser una continuación
de la invitación que hace dos años se les
hizo formalmente a los Redentoristas: que
nos fijáramos en nuestro compromiso de hombres
consagrados que tratan de seguir las huellas
de Cristo Redentor predicando el Evangelio
a los pobres. Espero que estén ustedes de
acuerdo en que dirigir una honesta mirada
al significado de nuestra profesión religiosa
es no sólo consecuencia natural del trabajo
de los últimos Capítulos Generales, sino que
también es una tarea particularmente urgente
teniendo en cuenta el actual estado de la
Congregación.
4. En la primera parte de esta carta
quiero poner de relieve algunas circunstancias
que nos instan a echar una mirada intrépida
y detallada a nuestra forma de seguir a Jesucristo.
Ustedes, sin duda, completarán esta descripción
con experiencias extraídas de su propia situación
social y eclesial. En la segunda parte, trataré
de evaluar esta realidad teniendo en cuenta
el Evangelio y nuestro patrimonio espiritual.
Más que intentar proponer la totalidad de
los criterios que deben servirnos de guía
hoy día, espero señalar un elemento que es
particularmente importante para la fidelidad
creativa a nuestra vocación. Finalmente, propondré
algunas líneas de acción comunes a fin de
alentar nuestra unidad en los elementos fundamentales,
teniendo en cuenta la diversidad existencial
dentro de la Congregación.
I. Ver
Cuando venga él, el Espíritu de la verdad,
les guiará hasta la verdad plena; pues no
hablará por su cuenta, sino que hablará lo
que oiga, y les anunciará lo que ha de venir.
(Jn 16,13)
5. ¿Qué podría enseñarnos el Espíritu
Santo sobre nuestra especial forma de discipulado,
de vita apostolica, de una vida que "comprende
a la vez la especial consagración a Dios y
la actividad misionera? (Const. 1). ¿Qué vendría
a decirnos hoy el espíritu a los Redentoristas?
¿De qué forma escuchamos al Espíritu de la
verdad que nos anuncia lo que ha de venir?
(Jn 16,13)
6. ¿Por dónde podemos empezar? La
vida apostólica redentorista es, ante todo
y principalmente, vida. Así, un eficaz punto de partida para
mirar nuestra forma de discipulado es buscar
signos de vitalidad hoy entre los misioneros
Redentoristas. Esta búsqueda es particularmente
trascendental para los Redentoristas ya que,
desde sus primeros orígenes, nuestra Congregación
tuvo una particular percepción de la abundancia
de vida que hay en Jesucristo; de ahí nuestro
lema: Copiosa
apud Eum Redemptio. La búsqueda de vitalidad
en nuestra actividad apostólica no puede ser
un ejercicio de fantasía o el fruto de un
espejismo. Aunque aún no veamos claramente
lo que el Espíritu está alumbrando en el mundo,
en la Iglesia, y, por tanto, en nuestra Congregación,
podemos, no obstante, reconocer signos de
una nueva vitalidad.
La
fascinación que ejerce hoy la persona de Jesús
sobre los Redentoristas
7. Estoy convencido de que la mayoría
de los Redentoristas ama a Jesucristo y expresa
ese amor a través de su generosidad, del propio
sacrificio y de su perseverancia. Cuando los
Redentoristas predican, hablan de Jesús como
de una persona a quien conocemos íntimamente,
de una persona que muestra plenamente la belleza
y la fuerza del amor de Dios desde la cruz,
[1]
y en cuyo Evangelio descubrimos
el camino hacia la verdadera liberación y
solidaridad.
8. En las visitas a las Unidades
de la Congregación, los miembros del Consejo
General tienen una oportunidad privilegiada
de ver qué tipo de fortaleza descubren los
Redentoristas en el Redentor. Dichas visitas
demuestran que el perfil del Redentorista,
contenido en la Constitución 20, no es una
idílica fantasía. Los Consultores Generales,
y yo mismo, hemos presenciado de primera mano
el tipo de heroísmo que caracteriza a la Congregación:
cohermanos que “por la abnegación de sí mismos
se mantienen disponibles para todo lo arduo”
tanto si la tarea que se traen entre manos
es una misión particularmente difícil como
si se trata simplemente de perseverar en su
vocación cuando, como a ejemplo del caso de
Abraham, deben "esperar contra toda esperanza"
(Rom 4,18).
9. La fuente de este amor audaz es
el Redentor a quien los Redentoristas siguen
“con fe robusta y esperanza alegre” (Const.
20). El primer y más importante signo de vitalidad
en nuestra vida apostólica es el constante
redescubrimiento y el compromiso de los Redentoristas
con Jesucristo que es el camino, la verdad
y la vida (Jn 14,6).
El
deseo de nacer de nuevo
10. Lejos de ser una especie de bastión
inamovible que pretendiera permanecer fuera
de la historia, la Congregación lucha por
continuar su peregrinaje con fidelidad creativa
a los dictados del Espíritu Santo. El Concilio
Vaticano II desafió a los religiosos a que
iniciaran un proceso de renovación guiado
por criterios esenciales: un regreso a la
Palabra de Dios, especialmente al Evangelio,
un regreso al espíritu del fundador y a los
valores fundamentales de los orígenes, y a
la necesidad de dar respuesta concreta a los
signos de los tiempos.
[2]
Los principios contenidos
en el Decreto Perfectae
Caritatis y la doctrina del magisterio
en consonancia con el Concilio fueron abrazados
con entusiasmo por la Congregación y, hasta
la fecha, la renovación ha dado resultados
concretos.
11. Nuestras Constituciones y Estatutos nos brindan normas que están claramente
enraizadas en la visión espiritual de Alfonso,
pero aún lo suficientemente flexibles como
para permitir la necesaria inculturación de
nuestra vida apostólica cuando se ve inmersa
en el vasto abanico que conforman las diversas
culturas en las que la Congregación realiza
su misión. Algunos cohermanos han dedicado
décadas de su vida a la atenta investigación
de nuestra historia y de nuestro patrimonio
espiritual alumbrando una gran cantidad de
nuevos recursos para la comprensión de nuestra
vida apostólica. En los últimos cuarenta años,
nuestro aprecio por la vida y por la inspiración
original de San Alfonso se ha hecho más profundo
así como también por sus métodos misioneros
y por su espiritualidad. Sabemos mucho más
sobre las vidas de nuestros otros santos y
beatos así como de la aventura de gracia en
que ha consistido la historia de la Congregación
durante los últimos doscientos setenta y seis
años.
12. El fruto de tal investigación no
está empolvándose en las bibliotecas de las
comunidades. Muchos cohermanos participan
en Roma en cursos sobre nuestra espiritualidad
e historia así como lo hacen también a otros
niveles provinciales y regionales. En las
reuniones regulares de los superiores mayores
se trabaja duro para evaluar los puntos fuertes
y débiles de los esfuerzos que se llevan a
cabo en sus respectivas Unidades, en tanto
que un cierto número de superiores provinciales
están dispuestos a adoptar iniciativas para
responder a las nuevas urgencias pastorales.
¡Doy gracias a Dios por un plausible grado
de insatisfacción con la Congregación! Hablamos
entre nosotros de que podemos ser mejores
que el status quo y rehusamos ser seducidos por la mediocridad. Muchos de
nosotros esperan ser más coherentes en nuestras
decisiones y más proféticos en nuestro estilo
de vida. Lejos de inútiles criticas, tal descontento
puede ser un signo de vitalidad e indica una
apertura a la conversión.
La
importancia fundamental de la misión
13. Las nuevas Constituciones insisten
en que la caridad apostólica, "por la
que los redentoristas participan en la misión
de Cristo Redentor" (Const. 52), da unidad
a la vida redentorista, vida que encuentra
su plena expresión en la vita apostolica. Los sucesivos Capítulos
Generales recordaron a la Congregación que
no toda actividad pastoral o estilo de vida
podían justificarse como expresión coherente
de nuestro carisma. En 1985, el XX Capítulo
General retó a la Congregación a una proclamación
explícita, profética y liberadora del Evangelio
a los pobres que nos permitiera, al mismo
tiempo, ser también nosotros evangelizados
por ellos.
[3]
El XXI Capítulo General
nos recordó que nuestra vida de comunidad
constituye el primer signo de que somos predicadores
del Evangelio; además, nuestra comunidad es
una presencia efectiva del Reino de Dios entre
los hombres y mujeres.
[4]
14. Por una parte, la reflexión de
los últimos años ha llevado a que muchos Redentoristas
descubran una forma de misión que estimula
nuestra imaginación y nos invita a emprender
audaces y proféticas iniciativas yendo más
allá de las tradicionales fronteras a fin
de proclamar a Jesucristo a través de la inculturación,
el diálogo ecuménico e interreligioso, y a
través de los nuevos medios de comunicación
social manteniendo entretanto la preferencia
por los pobres y excluidos de la sociedad.
Aunque las misiones parroquiales y las demás
formas de predicación itinerante tienen su
puesto y gozan aún de prestigio entre nosotros,
hemos descubierto nuevas posibilidades en
la pastoral de los santuarios, parroquias,
centros de retiros, estaciones misioneras,
medios de comunicación social, dirección espiritual
y catequesis.
15. Por otro lado, el debate sobre
las características esenciales de nuestra
misión – debate que se ha agudizado aún más
debido al proceso de reestructuración - nos
recuerda que no estamos exentos de tener que
optar y de que debemos luchar por anclar nuestras
decisiones en los criterios propuestos por
el Evangelio y por nuestra comprensión del
carisma redentorista. Como hicieron Alfonso,
Clemente y todos nuestros padres en la fe,
también nosotros debemos determinar a quiénes
somos enviados, cómo debemos vivir y qué métodos
pastorales se adecuan mejor a la misión que
se nos ha confiado. Un renovado aprecio por
la importancia fundamental de la misión desafía
naturalmente cualquier tendencia a la pasividad
o a "instalarse en situaciones y estructuras
en las que su actuación perdería el distintivo
misionero" (Const. 15). La reflexión
de los últimos Capítulos Generales advertía
a los Redentoristas, al tiempo que subrayaba
la importancia de la vida de comunidad y de
la espiritualidad, de que no debían reducir
la misión exclusivamente al trabajo pastoral.
Fidelidad
a los pobres abandonados
16. El Consejo General ha visto muchos
ejemplos de la fidelidad fundamental de los
Redentoristas a los pobres abandonados. Algunas
de estas opciones pusieron en gran peligro
la vida de algunos cohermanos; pienso en los
Redentoristas que han estado cerca del pueblo
que sufre en Irak, o en los cohermanos de
Costa de Marfil que se quedaron en una región
destrozada por la guerra civil mientras era
abandonada por la mayoría del clero diocesano
incluido su obispo. Hay Redentoristas que
proclaman el Evangelio en una nación extranjera
donde los resultados visibles de su trabajo
son mucho más modestos de lo que su propia
Provincia de origen esperaba, igual que pienso
también en los cohermanos brasileños en Surinam
o en los misioneros polacos en Siberia. Algunas
Provincias han abierto comunidades en nuevas
situaciones culturales, de igual forma que
ejercen también la pastoral entre los afro-colombianos
de Buenaventura (Colombia), o se llevan a
cabo los primeros esfuerzos por establecer
una presencia misionera en Laos. Tales compromisos
demuestran la especial atención que la Congregación
continúa prestando a los pobres, a los de
condición más humilde y a los oprimidos (Const.
4), recordándonos que es más importante estar
donde hay abandono pastoral que quedarse en
iglesias bien establecidas con un impresionante
número de fieles.
La
búsqueda de la comunión
17. Desde sus primeros orígenes, la
Congregación ha estado muy cerca de la gente
a la que atendía y ha tratado con diferentes
formas de involucrar en sus esfuerzos misioneros
a los laicos. Esta tradición ha recibido en
las últimas décadas un nuevo impulso, comenzando
por el XXI Capítulo General que reconoció
la necesidad de abrirse a la cooperación con
los laicos y expresó dicha colaboración mediante
nuevas iniciativas, incluyendo la creación
de una nueva figura en la Congregación: el
"Misionero Laico del Santísimo Redentor".
[5]
18. Aunque todavía queda mucho por
hacer respecto a una efectiva integración
de los laicos en nuestra misión, parece haber
en la Congregación un creciente consenso respecto
al valor que tienen las iniciativas compartidas
que involucran juntamente a Redentoristas
y a Laicos. Es claro también que tanto los
Laicos como los Redentoristas necesitan formación
teológica y pastoral así como aquella formación
espiritual que garantice que dicha asociación
esté en condiciones de dar testimonio de nuestra
esencial igualdad ante el Señor, sin dejar
de tener en cuenta la especial vocación de
cada uno. La Congregación no se echará atrás
en la búsqueda de la comunión que hace posible
una misión compartida al servicio de la Iglesia
y de la humanidad.
Necesidad
de una espiritualidad renovada
19. Finalmente, los Redentoristas se
esfuerzan por aplicar el patrimonio espiritual
de la Congregación a las nuevas circunstancias
en las que vivimos y a la pastoral de hoy
día. Sentimos que el itinerario espiritual
de los cohermanos que nos precedieron, comenzando
por Alfonso, pero no limitándose a él, nos
ofrece valiosas referencias sobre nuestra
manera de seguir a Cristo hoy. En esta búsqueda,
tenemos que tener puntos de referencia claros
y seguros que definan la orientación de nuestra
espiritualidad misionera. Nuestra visión debe
estar enraizada en el Evangelio, en el espíritu
de Alfonso y en la realidad de la experiencia
de los Redentoristas a través de los siglos.
Por supuesto, esta búsqueda espiritual no
puede anclarse en el pasado o, lo que sería
peor, tratar de trasladar sin un sentido crítico
el pasado al presente.
[6]
20. El Consejo General ha animado a
que se reanuden los retiros comunes en muchas
Provincias y a que haya interés por las publicaciones,
talleres y cursos sobre los elementos esenciales
de la espiritualidad redentorista. Un buen
número de (Vice)Provincias ha programado actos
especiales durante el año de reflexión sobre
la vida apostólica redentorista. Con frecuencia,
la atracción que ejerce sobre los Laicos nuestro
patrimonio espiritual ha impulsado a los Redentoristas
a un mayor estudio y a una revalorización
de nuestra herencia.
21. Aunque observo numerosos ejemplos
de vitalidad en nuestra vida apostólica hoy,
nuestra Congregación, igual que la Iglesia,
pasa por diferentes etapas en el largo peregrinaje
de la historia. No somos extraterrestres,
inmunes ante las fuerzas que están cambiando
profundamente a determinadas sociedades y
a sus instituciones así como al mundo en su
conjunto. Algunas de estas fuerzas pueden
llegar a oscurecer los signos de vitalidad
de nuestra vida apostólica o incluso a llevarnos
a desligar la misión de la Congregación de
su origen divino y a reducirla a sólo estadísticas,
a datos demográficos y a tendencias culturales.
Permítanme tratar de presentar algunos de
los aspectos más preocupantes de este problema.
Consecuencias
de una rápida disminución de números
en Occidente
22. Hay muchas evidencias que ponen
a prueba el optimismo de los Redentoristas
hoy. Durante las últimas cinco décadas, igual
que sucedió en la mayoría de las más importantes
órdenes y congregaciones religiosas de varones,
nuestra Congregación sufrió un drástico descenso
en el número de sus miembros, especialmente
en Europa occidental, América del Norte y
Oceanía. Las razones que subyacen a este fenómeno
son numerosas y complejas. A efectos de esta
reflexión, me propongo destacar algunos de
los resultados de dicho descenso antes que
entrar a analizar sus posibles causas.
23. Las Unidades más afectadas por
este descenso han ejercido un prolongado y
excepcionalmente fructífero cometido en la
misión de la Congregación. No sólo ejercieron
una gran influencia en la historia de la Iglesia
local de su propia región, sino que implantaron
también la Congregación en todo el hemisferio
Sur. Un pequeño número de estas Provincias
continúa soportando la mayor parte de la financiación
de proyectos comunes de la Congregación tales
como el Fondo de Solidaridad, la Academia
Alfonsiana y el Gobierno General, en tanto
que proporcionan también, discretamente, ayuda
directa a Unidades necesitadas de todo el
mundo. El reducido número de cohermanos y
su avanzada edad no contribuye a favorecer,
sino a reducir, el alcance de las posibilidades
de estas Unidades al aumentar los costes de
atención médica a los ancianos, hecho que
ha disminuido los recursos económicos con
los que estas Unidades podían ayudar a la
Congregación. Y, lo que es más destacable,
dichas Unidades han adquirido una valiosa
visión sobre la compleja relación entre fe,
religión y sociedad secularizada. El declive
de la Congregación en estas regiones empobrece
la vida de la Iglesia.
24. No obstante, más allá de tales
consecuencias inmediatas, la aparente falta
de atractivo que ejerce nuestra forma de vida
entre los jóvenes de occidente ha producido
serias dudas entre algunos obispos, laicos
e incluso Redentoristas sobre el futuro de
la congregación y el de la misma vida consagrada.
En su administración ordinaria y en la planificación
de su futuro, muchas Unidades se sienten obligadas
a preferir la subsistencia a la misión, y
prefieren un discurso que enfatiza la reducción
y restricción en vez de usar el lenguaje de
la abundancia, tradicionalmente asociada a
la vida consagrada.
[7]
25. Ante un horizonte mucho más limitado
de posibilidades, los cohermanos expresan
a menudo una nostálgica resignación, incluso
tristeza, cuando recuerdan la "época
dorada" de su Unidad. No es una exageración
pensar que la Congregación en occidente podría
ser víctima de nuestro anterior éxito, cuando
los cohermanos recuerdan aquel período histórico
en el que un número extraordinariamente elevado
de candidatos se presentaba espontáneamente
desencadenando así la energía que posibilitó
una impresionante expansión del ministerio.
¿¿¿Paso
del legalismo a...???
26. La Congregación está aún viviendo
las consecuencias del paso de la Regla a las
revisadas Constituciones y Estatutos. Desde
el principio, los Redentoristas establecieron
determinadas normas destinadas a proteger
los más preciados valores de nuestra forma
de seguir a Cristo. Estas normas servían de
guía a la Congregación en sus decisiones más
importantes al tiempo que transmitían la experiencia
espiritual de la vida apostólica a las siguientes
generaciones. Durante la mayor parte de nuestra
historia, el objetivo de los Redentoristas
fue vivir las prescripciones de la Regla como
un camino para la santidad y para llevar a
cabo, por lo mismo, la labor de la Congregación.
La observancia era el valor clave. La Regla
gobernó nuestra pastoral y nuestra vida de
comunidad hasta tal punto que se dice que
uno podía ir a cualquier casa de cualquier
parte del mundo y encontrar allí una gran
similitud en el estilo de vida, incluido el
mobiliario de la habitación de cada cohermano.
27. A la luz de la renovación emprendida
por el Decreto Perfectae
Caritatis, se consideró
que observar las prescripciones de la Regla
era poner un exagerado énfasis en la ley y
en prácticas ascéticas desfasadas así como
un preferir la letra al espíritu de la
ley.
28. En contraste con lo anterior, las
revisadas Constituciones y Estatutos ofrecen
un rico contenido teológico así como una auténtica
flexibilidad que permite “adaptar la propia
estructura e instituciones a las necesidades
apostólicas y acomodarlas convenientemente
a la diversidad connatural de cada misión,
pero manteniendo a salvo el carisma del Instituto"
(Const. 96). Si uno examina las Constituciones
y Estatutos a la luz de los criterios señalados
el N. 2 del Decreto Perfectae Caritatis, caben pocas dudas de que ellas nos "conectan
con el espíritu original del Instituto"
y de que permiten "la adaptación de ese
espíritu a las condiciones cambiantes de nuestro
tiempo". Sin embargo debe preguntarse
si en realidad las Constituciones están probándose
como capaces de transmitir la vida Redentorista.
Me refiero, por supuesto, al papel aparentemente
menor que las Constituciones juegan en la
reflexión, en las decisiones y en la vida
cotidiana de muchas Unidades de la Congregación.
29. En las últimas décadas, cuando
las costumbres y normas habían perdido su
trascendencia, se atribuyó un valor crucial
a la experiencia personal y a la capacidad
de cada individuo para encontrarse con Dios.
Cuando filtradas a través de criterios subjetivos,
las prácticas y fórmulas más antiguas ya no
ofrecen una válida experiencia personal de
Dios.
[8]
Esto puede ayudar a explicar
el debate que se tiene en las comunidades
locales cuando se trata de establecer una
vida regular de oración común. Hace dieciocho
años, el XXI Capítulo General señaló un desafío
que continúa siendo actual todavía hoy día:
"Cuando dejamos de lado las prácticas
consideradas inauténticas o incompatibles
con el momento presente, no han surgido nuevas
prácticas capaces de llenar el vacío producido."
[9]
30. La falta de familiaridad con las
Constituciones y su aparentemente insignificante
papel en gran parte de la vida de la Congregación
priva a los Redentoristas de un lenguaje común
así como de los principios con los que poder
evaluar nuestras vidas y fundamentar nuestras
decisiones.
31. Cuando una Provincia tiene que
optar por métodos pastorales, desarrollar
expectativas sobre la vida de comunidad, o
considerar la conveniencia de establecer nuevas
fundaciones o de abandonar otras, el debate
se rige por creencias, actitudes u opiniones
que no siempre tienen mucha conexión con los
valores expresados en las Constituciones.
Continúan apareciendo dicotomías estériles,
aunque con nuevas apariencias. Se oye menos
aquello de "cartujos en casa y apóstoles
fuera" y más lo de "ser" versus
"hacer", "activismo" versus
"contemplación", "misiones"
versus "parroquias". Me parece que
éstos y otros ejemplos similares de yuxtaposición
reflejan una fundamental desconexión con la
espiritualidad de las Constituciones y Estatutos.
Clericalismo
32. Debemos preguntarnos si en la Congregación
se da o no un aumento de un cierto clericalismo
que nos distancie de lo que dice la Constitución
54 cuando nos recuerda que la profesión religiosa
(y no la ordenación) es el acto definitivo
de toda la vida misionera de los Redentoristas.
El clericalismo está enraizado en la idea
de que todo lo que se relaciona con la religión
es derecho y responsabilidad de los clérigos
que son los que toman decisiones y dan órdenes
mientras la labor de los laicos es llevarlas
a la práctica. Este tipo de clericalismo no
está creciendo en la Congregación. Sin embargo,
puede darse un sutil pero verdadero aumento
de una cultura clerical; es decir, un clima
en el que la vocación redentorista se reduzca
al sacerdocio y nuestra misión se conciba
en términos de ministerio cultual reservado
a los sacerdotes. Dos fenómenos apuntan hacia
esta más honda posibilidad.
33. Primero, el número de Hermanos
Redentoristas continúa disminuyendo en prácticamente
todas las Unidades de la Congregación. Hay
muchas razones que subyacen a este hecho pero
lo que más me preocupa son las Unidades que
ya no promueven la vocación de Hermano. Esto
es particularmente preocupante en las Provincias
o Viceprovincias que tienen un número satisfactorio
de estudiantes clérigos, pero argumentan que
razones culturales explican la falta de Hermanos.
Se dice que la gente considera que el Hermano
es "menos" que un sacerdote; es
decir, una especie de ¡clérigo incompleto!
Si realmente la gente cree esto, la Congregación
tiene, por consiguiente, la oportunidad de
rebatir tan falsa idea con el ejemplo de la
fraternidad por la que todos son misioneros
en virtud de su profesión (Const. 55), “por
lo cual, en la comunidad todos los cohermanos
son de por sí iguales y cada cual, según su
propia condición, es partícipe y corresponsable
en la vida y en la realización de la misión
que han asumido” (Const. 35).
34. Otro signo preocupante es la aparente
facilidad con la que los miembros ordenados
abandonan la Congregación para incardinarse
en una diócesis. Este paso ocurre frecuentemente
a los comienzos de la vida sacerdotal del
Redentorista que ve en la incardinación una
solución atractiva para solucionar una crisis
personal. Desgraciadamente, hay obispos que
parecen estar deseosos de acoger a un sacerdote
religioso, especialmente si el clérigo es
joven o tiene formación especializada. El
sacerdocio diocesano es una vocación loable
pero básicamente distinta de nuestra forma
de discipulado. Cuando un cohermano se incardina
en una diócesis, se dice a menudo, como he
escuchado, "¡al menos se ha salvado su
sacerdocio!" ¿Qué significa exaltar el
sacerdocio y colocar en segundo plano la vida
en la que se ejerce; es decir, la Congregación
o una diócesis?
35. Además del clericalismo, pueden
darse otros tipos de clasismos que dividen
a la Congregación. Un valor exagerado al "profesionalismo",
acompañado de un código de vestimenta y forma
de expresarse, o una división debido a posiciones
ideológicas que generan una confrontación
entre opiniones opuestas ya sea en temas teológicos
o políticos, y que restan fuerza al testimonio
comunitario de una Provincia. Las diferencias
étnicas, nacionales o regionales crean barreras
que se convierten en un problema entre cohermanos.
Igual que con el clericalismo, estas fuentes
de fragmentación sugieren que para un número
de cohermanos hay aspectos más fuertes de
identificación que nuestra común profesión
como Redentoristas.
El
tema de la dimensión profética
36. Hoy, muchos cohermanos hablan de
un decaimiento en el testimonio de nuestra
forma de vida – que la dimensión profética
de nuestra vocación es endeble, incluso que
está ausente. Esta preocupación apareció este
año de forma categórica en algunas reuniones
regionales, especialmente en América Latina.
Aunque los cohermanos de otras regiones no
expresan dicha preocupación de forma tan intensa,
me pregunto si no existe entre los Redentoristas
una inquietud generalizada, un sentimiento
de preocupación debido a que hemos permitido
que la naturaleza radical de nuestra vocación
se vea comprometida por un estilo de vida
más burgués en el que el testimonio comunitario
se ve neutralizado por preferencias personales.
Sabemos que la vida redentorista nunca fue
concebida como un recorrido bien equilibrado
con horarios regulares, con claros detalles
sobre los puestos de trabajo y que contara
con toda clase de garantías. Todavía, frecuentemente,
no estamos seguros de qué clase de testimonio
debemos dar: ¿qué debemos proclamar... qué
debemos denunciar?
37. En la primera parte de esta carta
les invité a meditar sobre qué podría estar
diciéndonos el Espíritu Santo sobre nuestra
especial manera de discipulado, sobre la vita apostolica. Revisando algunas características de la Congregación
hoy, traté de demostrar los signos de vitalidad
y los motivos de preocupación respecto a cómo
vivimos nuestra forma de discipulado. Por
propia experiencia de ustedes mismos, probablemente
habrán pensado en otros ejemplos de fortaleza
y de decaimiento. Me gustaría iluminar la
realidad de la Congregación volviendo sobre
lo que yo considero que es el voto que puede
suponer una crucial aportación a la vida apostólica
de los Redentoristas hoy: me refiero al voto
de obediencia. Antes de que alguno se ponga
demasiado nervioso y empiece a ver el espectro
del autoritarismo y de la centralización,
permítanme que trate de explicarme.
II.
Juzgar
Tengan entre ustedes los mismos sentimientos
que Cristo Jesús... (Fil 2,5)
Los
votos hoy
38. La profesión religiosa “viene a
ser el acto definitivo de toda la vida misionera
de los redentoristas” (Const. 54). El compromiso
adquirido con esta profesión no es simplemente
una promesa de vivir las consecuencias de
los tres votos, juntamente con el voto y juramento
de perseverancia. Más que asumir obligaciones,
la profesión religiosa representa un impulso
del Espíritu Santo que lleva a los Redentoristas
a no ahorrar esfuerzo alguno por llegar a
un total
don de sí mismos como respuesta al Señor
que los amó primero (Const. 56). Los votos
son indudablemente de gran trascendencia en
el largo transcurso de una vida de entrega
de sí mismo, pero el llevar una "vida
de amor fraterno" y de "caridad
apostólica" también lo son, tal como
nuestra fórmula de profesión claramente lo
dice.
39. Para los Redentoristas, los votos
deben vivirse a la luz de la misión que ha
recibido la Congregación además de tener mucha
importancia tanto en orden a la comunidad
como a los miembros de forma individual. Por
separado, los votos podrían considerarse como
los que determinan la forma de actuar de los
Redentoristas ante el orden social, la sexualidad
y la propiedad. Juntos, representan un compromiso
público, libremente asumido, en orden a una
vida de entrega de sí mismo que es conformada
según el modelo del amor de Cristo a su Iglesia.
De igual modo que el suyo, nuestro don es
total e irreversible.
[10]
40. ¿Puede ser útil, por tanto, que
en la primera década del siglo veintiuno se
destaque tanto un solo voto en la vita apostolica? Si es así, ¿cuál? Cuando
se considera el testimonio evangélico de los
votos sobre el telón de fondo de los actuales
acontecimientos podría argumentarse que la
castidad religiosa brinda la posibilidad de
un testimonio único ante los escándalos públicos
causados por la conducta sexual indigna de
clérigos y religiosos y por el reduccionismo
de la sexualidad a un irrefrenable impulso
biológico. Por otro lado, teniendo en cuenta
nuestra preferencia por los abandonados y,
entre ellos, los pobres, ciertamente que queremos
entender mejor y vivir más coherentemente
el consejo evangélico de la pobreza. Sin embargo,
argumentaré que la obediencia tiene un papel
particularmente decisivo en la vida apostólica
hoy.
41. Es prácticamente un tópico decir
que vivimos inmersos en un mundo, Iglesia
y Congregación, rápidamente cambiante. A nuestra
época se la llama tiempo de transición marcado
por "grandes avances en ciencia y tecnología
así como por los poderosos medios de comunicación
que a veces colonizan el espíritu".
[11]
Se da la ambigua experiencia
de la globalización que nos hace mutuamente
interdependientes al tiempo que socava las
particularidades de las identidades culturales.
Pero nuestros días presentan también "momentos
de kairos en los que tenemos sorpresas y percibimos
que el Dios que habla es el Señor de la historia".
Sentimos "una sed y una crisis de significado
que nos presenta miles de propuestas y de
promesas."
[12]
42. Incluso en el "intervalo"
del momento presente, la Congregación debe
hacer opciones. No es libre de ser arbitraria
ni los criterios para sus opciones pueden
determinarse solamente a través de las propias
luces. En medio de una cacofonía de voces
que tratan de "colonizarle" el espíritu,
la Congregación tiene que distinguir la voz
de aquél que nos ha llamado a ser sus “cooperadores,
socios y servidores en la gran obra de la
redención predicando la Palabra de la salvación
a los pobres" (Const. 2). Porque los
Redentoristas son llamados a responder a las
situaciones de verdadera urgencia pastoral
(Const. 5), nuestras opciones deben examinarse
con regularidad, incluso debemos examinarnos
a nosotros mismos para “no instalarnos en
situaciones y estructuras en las que nuestra
actuación perdería el distintivo misionero"
(Const. 15).
43. La agitada experiencia de los cambios
experimentados en nuestro Instituto en las
últimas cinco décadas así como el continuo
cambio que el mundo actual exige, demandan
a los Redentoristas que tengan corazones atentos
a la escucha y al discernimiento, libres para
seguir los dictados del Espíritu Santo. Así,
pues, propongo que prestemos especial atención
al voto de obediencia como compromiso con
una búsqueda corresponsable de la voluntad
de Dios de acuerdo con el carisma de la Congregación.
44. Aunque una consideración completa
sobre el voto de obediencia debe incluir el
papel de la autoridad en la vida apostólica
así como la obligación de los miembros de
obedecer las legítimas demandas de sus superiores,
me gustaría en esta reflexión, no obstante,
considerar nuestro voto dentro del contexto
de radicalidad descrito por Pablo VI: "Incluso
más que una obediencia puramente formal y
legalista a la ley de la Iglesia, o sumisión
a la autoridad eclesial, [la obediencia] es
una comprensión y aceptación del misterio
de Cristo que nos salvó a través de la obediencia.
Es una continuación de su fundamental actitud
al decir sí a la voluntad del Padre."
[13]
La obediencia, en este
sentido fundamental, está en consonancia con
la Palabra de Dios y con el abundante patrimonio
espiritual de la Congregación, y nos ayudará
a distinguir la voz de nuestro Maestro y a
reconocer el kairos dentro del caos de nuestro tiempo.
Una
pregunta y una respuesta
45. Los Evangelios presentan cierto
número de "historias de vocación",
relatos que cuentan cómo Jesús hace una llamada
que es aceptada o rechazada por sus oyentes.
Mi "historia" favorita es el entero
Evangelio de Juan que empieza con una pregunta
y concluye con una invitación. Las primeras
palabras de Jesús son "qué buscan?"
(Jn 1,38); el Evangelio concluye con sus palabras
a Pedro "Sígueme" (Jn 21,22). A
diferencia de la llamada a los apóstoles en
los sinópticos, las primeras palabras de Jesús
a Andrés y a los demás discípulos es una apelación
a sus deseos, a sus sueños, y a sus ideales:
"¿Qué buscan?" El Evangelio es la
historia del asombroso encuentro entre Dios,
que "tanto amó al mundo", y los
más profundos anhelos del corazón humano.
La llamada al seguimiento viene después de
la revelación del misterio de la pascua en
la que el plan de salvación del Padre se ha
revelado por completo.
46. La búsqueda de Dios ha sido siempre
la búsqueda de todo ser que siente sed del
Absoluto y del Eterno.
[14]
Las grandes tradiciones
religiosas reflejan esta búsqueda, como hacen
las sociedades secularizadas en las que hombres
y mujeres buscan algún tipo de significado
a la vida, la muerte, el amor y el sufrimiento
aunque no hagan referencia alguna a una fe
revelada. Igual que Pablo en el Areópago,
si estamos atentos a los "santuarios"
que estas sociedades construyen, podremos
percibir muchos altares al Agnostos
Theos (cf. Hech 17,23).
47. Para los Redentoristas, la pregunta
sobre el significado último encuentra la respuesta
definitiva en Jesucristo. Juntamente con nuestros
hermanos y hermanas en la fe, decimos: "Maestro
¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida
eterna, y nosotros creemos y sabemos que tú
eres el Santo de Dios" (Jn 6, 68-69).
Sí, incluso cuando llegamos al gozoso reconocimiento
de que hemos encontrado lo que estábamos buscando
(cf. Jn 1,41), la búsqueda continúa.
48. Nuestra profesión "viene a
ser el acto definitivo de toda la vida misionera
de los redentoristas" (Const. 54); pero
incluso es, además, la continuación de la
búsqueda. Pienso en la imagen de Jesús en
la capilla de la Curia General que lo representa
en sus tres cuartas partes de perfil. Queda
siempre el lado oculto del Maestro; así, nuestra
oración continúa siendo "Tu rostro busco,
Señor" (Salmo 27,8).
La
obediencia se debe solo a Dios
49. El punto de partida necesario para
considerar la obediencia es la fe, nuestra
respuesta a la más fundamental vocación que
recibimos en el bautismo. En su sentido teológico,
la obediencia se debe solo a Dios. Cualquiera
otra manifestación de la obediencia religiosa
es una mediación, un medio para un fin, dirigido
solo a la voluntad realmente importante y
decisiva en la vida de un cristiano y, por
lo mismo, de un Redentorista.
[15]
50. La obediencia reconoce la primacía
de Dios sobre todo y sobre todos.
[16]
De este modo, en su sentido
más fundamental, la Congregación y la Iglesia
no se estructuran en dos clases, los que mandan
y los que obedecen. A todos sus discípulos,
Jesús les dice “Uno solo es su Maestro; y
todos ustedes son hermanos” (Mt 23,8). Todos
en la Iglesia deben buscar la voluntad de
Dios y todos son llamados a la obediencia
puesto que aquél que hace la voluntad del
Padre es "hermano, hermana y madre"
de Jesucristo (Mt 12,50).
Cristo,
modelo de obediencia
51. Las Constituciones reconocen que
a los Redentoristas se les ha dado un modelo
patente de cómo debemos buscar y vivir la
voluntad de Dios en la historia. La Constitución
primera sobre el voto de obediencia comienza
diciendo: “...a ejemplo de Cristo, que vino
a cumplir la voluntad del Padre y a entregar
su vida por la redención de muchos.... "(Const.
71). La obediencia a la voluntad de Dios no
fue algo añadido a la personalidad de Cristo,
sino, más bien, su plena expresión: “Mi alimento
es hacer la voluntad del que me ha enviado"
(Jn 4,34).
[17]
Como sus "cooperadores,
socios y servidores en la gran obra de la
redención", también somos llamados a
una obediencia que continúa la misión dada
a Cristo por el Padre.
52. Por tanto, cuando los Redentoristas
hablan de la "misión" de la Congregación,
estamos hablando de la obediencia, no de manidos
eslóganes o de respuestas prefabricadas. Por
este voto, “van al encuentro del Reino de
Dios y participan íntimamente en el misterio
pascual de Cristo, que es misterio de obediencia."
(Const. 71)
53. El punto de referencia es Cristo
y el misterio de su kenosis.
La expresión concreta de la misión en la historia
no siempre se auto evidencia; por lo tanto,
buscamos la voluntad de Dios con espíritu
de fe y amor. San Alfonso nos insta a que
continuemos esta búsqueda al enseñarnos que
nuestra auténtica realización procede del
amor a Dios, que tanto merece nuestro amor,
pero la perfección del amor a Dios consiste
en conformar nuestra voluntad a la suya.
[18]
¿Cuál
es esta «Voluntad de Dios»?
54. ¿Cuál es esta "Voluntad"
del Padre que debemos buscar y que – al igual
que Cristo – debemos esforzarnos por cumplir
en el marco del tiempo y de las circunstancias
en las que se halla la Congregación? La respuesta
puede encontrarse en las primeras palabras
de la oración que Jesús nos enseñó: actuar
de tal manera que el Padre sea reconocido
como el único Santo, que venga su histórico
y escatológico Reino y que se haga su voluntad
en la tierra como en el cielo (cf. Mt 6,9-10).
[19]
La voluntad divina comienza
a hacerse cuando creemos en el Hijo enviado
por el Padre por amor al mundo (Jn 3,16ss)
a fin de que nadie perezca (cf. Jn 6,40).
El invisible punto de referencia respecto
a la voluntad de Dios es el derroche de amor
del Padre (Mt 5,42-48); su punto de referencia
visible es el comportamiento de Cristo con
los que él amó (cf. Jn 15,9-17).
[20]
55. San Pablo hace una lista de acciones
aparentemente ejemplares que finalmente son
inútiles si se hacen sin amor (1Cor 13,1-3).
Del mismo modo, San Alfonso enseña que no
es suficiente con hacer cosas dignas de elogio,
si la conducta no está en conformidad con
la voluntad de Dios.
[21]
De igual forma, tampoco
toda opción pastoral asumida por un cohermano,
una comunidad local, o una Provincia puede
considerarse que esté en consonancia con el
carisma de la Congregación si la opción no
se hace en conformidad con la voluntad de
Dios. San Agustín observó sucintamente que
Martyres non facit poena sed causa – no es el sufrimiento lo que hace
a los mártires, sino, más bien, su motivación.
[22]
56. Incluso la auténtica experiencia
de Dios sigue siempre a la experiencia de
la alteridad
[23]
como el Papa Benedicto
XVI nos recuerda en su segunda encíclica,
"Si bien puede establecerse una gran
similitud entre el creador y la criatura,
la disimilitud entre ellos es siempre mayor."
[24]
El profeta nos invita así:
“busquen al Señor mientras se deja encontrar,
llámenlo mientras está cerca” (Is 55,6) e
inmediatamente previene sobre cualquier falsa
intimidad o fácil familiaridad: "Porque
no son mis pensamientos vuestros pensamientos,
ni vuestros caminos son mis caminos – oráculo
del Señor. Porque cuanto aventajan los cielos
a la tierra, así aventajan mis caminos a los
vuestros y mis pensamientos a los vuestros"
(Is 55,8-9).
57. La sublime "alteridad"
de Dios quiere decir que debemos buscar su
voluntad por caminos que estén en consonancia
con su revelación. Ante todo y principalmente,
la auténtica obediencia de todo discípulo
es "adhiriéndose a la Palabra con la
que Dios se revela y se comunica a sí mismo."
[25]
La secuela de Cristo como
aparece en el Evangelio es la norma fundamental
de la vida religiosa y debe considerarse como
norma suprema en la Congregación.
[26]
58. Otra mediación de la voluntad de
Dios es la doctrina oficial de la Iglesia,
que tiene el cometido de dar la auténtica
interpretación a la Palabra de Dios enseñando
con autoridad en nombre de Jesucristo. Sin
embargo, este Magisterium
no es superior a la Palabra de Dios, sino
que es su servidor.
[27]
Puede enseñar sólo lo que
se contiene en ella. Por mandato divino y
con la ayuda del Espíritu Santo, al que escucha
atentamente, protege el depósito de la fe
con diligencia y lo expone con fidelidad.
[28]
59. Hay otras mediaciones de la voluntad
de Dios que son específicas a cada una de
las vocaciones en la vida. Los religiosos,
hombres y mujeres, son llamados a seguir a
Cristo obediente dentro de un “proyecto evangélico
o carismático, inspirado por el Espíritu y
auten- tificado por la iglesia.”
[29]
En su exhortación apostólica,
Vita
Consecrata, el Papa Juan Pablo II demostró
la urgente necesidad que hay hoy de que todo
Instituto regrese a la Regla, “puesto que
la Regla y las Constituciones suministran
un mapa para el entero viaje del discipulado,
en conformidad con cada específico carisma
aprobado por la Iglesia."
[30]
60. La fuerza de nuestras propias normas
está claramente expresada en la Constitución
74: "Los superiores y los otros congregados,
en comunión de un mismo Espíritu, han de observar
las Constituciones, los Estatutos y los decretos
legítimamente promulgados, como instrumentos
válidos por los que cada uno de los cohermanos
y las comunidades se ajustan constantemente
a la voluntad de Dios y cumplen la misión
de Cristo, como Él dijo de sí mismo: ‘He bajado
del cielo, no para hacer mi voluntad, sino
la voluntad de Aquél que me envió’ (Jn 6,38)”.
La ignorancia de las Constituciones y Estatutos
o su relegación a la periferia de la vida
de una Provincia o de la entera Congregación
pone claramente en peligro la fidelidad de
sus miembros.
61. Finalmente, una mediación específica
de la voluntad de Dios para la Congregación
es la voz de los pobres abandonados. Pensamos
en el encuentro decisivo de Alfonso con los
pastores y cabreros en los altos de Scala.
Lo que él "escuchó" allí lo llevó
a comprender y a aceptar la voluntad de Dios:
que dejara atrás los pobres de las callejas
de Nápoles y empleara el resto de su vida
entre las gentes abandonadas del campo.
62. Recordamos que siempre que Alfonso
trató de describir su Instituto tanto a las
autoridades eclesiásticas como civiles, puso
el énfasis en el hecho de que, como característica
esencial, sus comunidades estarían ubicadas
entre los pobres abandonados del campo. Este
dato especial distinguió a los Redentoristas
de los Píos Operarios y de otros grupos misioneros
que continuaban viviendo en las ciudades haciendo
sólo ocasionalmente una incursión al mundo
de los abandonados.
63. En mi opinión, Alfonso insistió
en esta característica no sólo por razones
pastorales; es decir, para permitir un mayor
acceso a los abandonados a nuestras casas
y permitir a los misioneros una entrada más
fácil en las diferentes diócesis. Sabiendo
el papel decisivo que la voz de los pobres
abandonados tuvo en su propio discernimiento,
creo que Alfonso buscaba que sus compañeros
estuvieran siempre cerca del tipo de gente
por la que Jesús mismo mostró una clara preferencia.
Por tanto, desea que su voz continúe revelando
a los Redentoristas la originalidad de su
vocación. Como escribió a las comunidades
de Scifelli y Frosinone en 1778:
"Atiendan
a las almas (las personas), pero de modo especial
a los pobres, a los campesinos y a los más
abandonados. Recuerden que Dios evangelizare pauperibus misit nos en éstos nuestros días. Graben firmemente
esto en sus corazones y busquen a Dios solamente
entre los pobres abandonados si es que desean
complacer a Jesucristo."
[31]
64. Nuestras Constituciones nos invitan
a que descubramos al Señor en la gente que
de modo especial nos reclama: el "abandonado"
(Const. 3), con “atención especial a los pobres,
a los de condición más humilde y a los oprimidos"
(Const. 4) y una “preferencia por las situaciones
de necesidad pastoral" (Const. 5). Vemos
a Dios en las concretas circunstancias de
la vida, “traten, pues, de ir al encuentro
del Señor allí donde Él ya está presente y
actúa de modo misterioso" (Const. 7)
y “según las circunstancias se interrogarán
constantemente qué es lo que conviene hacer
o decir” (Const. 8). El don del Espíritu Santo
permite ver a Dios en las personas y en los
acontecimientos de cada día (Const. 24) pero
especialmente en los "angustiosos interrogantes"
de los hombres y mujeres de nuestros días
(Const. 19).
65. En resumen, la obediencia es una
fundamental actitud de todo creyente, no una
exclusiva prerrogativa de un pequeño grupo
de gente que lo profesa como consejo evangélico.
Los Redentoristas, como cualesquiera otros
en la Iglesia, son llamados a obedecer siguiendo
el ejemplo de Jesús que vino a hacer no su
propia voluntad, sino la voluntad del Padre
(Jn 6,38). La diferencia estriba en que cada
uno de nosotros, dentro de la Iglesia, vive
esta obediencia a Dios según su carisma y
vocación. La voluntad de Dios no existe con
anterioridad a la vocación, sino que es a
través de la vocación específica como Dios
hace conocer su voluntad al individuo concreto.
[32]
Así, por nuestro voto,
nos hemos comprometido a obedecer a un estilo redentorista: buscando
la voluntad de Dios en la mediación de su
Palabra, las normas de nuestro proyecto carismático
y la voz de los pobres abandonados.
III. Actuar
Pues bien, ¡he aquí que estoy haciendo algo
nuevo! Ya está en marcha ¿no lo perciben?
(Is 43,19)
66. Repito la afirmación que hice anteriormente
en esta carta: que la obediencia es el voto
cardinal para los Redentoristas en un tiempo
de cambio. En el pasado, este voto fue considerado
principalmente en términos personales y legalistas.
Puesto que nuestras Constituciones entienden
todavía el voto como “una obligación de someterse
a los legítimos superiores, cuando les mandan”
(Const. 71), existe una urgente necesidad
de ver el voto como una llamada a crear "comunidades
obedientes" a todos los niveles de la
Congregación. Los votos son siempre de los
individuos y de la comunidad. Sería un grave
error separar estas dos dimensiones y reducirlas
sólo a una obligación individual.
67. Sin una comunidad comprometida
a buscar obedientemente la voluntad de Dios,
es difícil, si no imposible, que las personas
individuales permanezcan obedientes. Es claro
que ninguno de nosotros puede vivir plena
y gozosamente el voto de obediencia sin la
fuerza de una comunidad obediente puesto que
la obediencia de cada individuo al Padre tiene
lugar en el contexto de la comunidad eclesial.
No es sólo la relación fundamental y personal
entre cada conciencia y Dios lo importante;
la relación con nuestros hermanos es igualmente
importante. De hecho, la vitalidad de una
comunidad está íntimamente ligada a la calidad
de su obediencia como comunidad.
[33]
68. ¿Cómo podemos garantizar que nuestras
comunidades, ya sean locales, provinciales
o la propia Congregación,
[34]
sigan siendo obedientes?
Creo que debemos distinguir entre las muchas
voces que tratan de colonizar nuestro espíritu
intensificando nuestra atención a la Palabra
de Dios, al proyecto carismático de la Congregación
y a la voz de los pobres abandonados.
Lámpara
para nuestros pasos.... luz en nuestro sendero
69. La Palabra de Dios es la fuente
de nuestra vocación, nuestro alimento diario
y el contenido de nuestra labor misionera.
Tenemos que proclamar, meditar, compartir,
y rezar en la obediencia a la Palabra y esforzarnos
por hacer de la Palabra nuestro "primer
libro de espiritualidad".
[35]
Porque la Palabra tiene
un papel absolutamente vital para los discípulos,
la Congregación debe dar un mayor valor a
la escucha, que no consiste, ante todo y sobre
todo, en una técnica de dinámica de grupo,
sino que es, más bien, una constante búsqueda
de lo que el Padre quiere.
70. Como piadoso judío, Jesús comenzaría
su oración diaria repitiendo las palabras
del Deuteronomio: ¡"Escuche, Israel!:
el Señor nuestro Dios es el único Señor. Amará
al Señor su Dios con todo su corazón, con
toda su alma y con toda sus fuerzas” (Deu
6,4-5). Él dice a sus discípulos, "Todo
el que es de Dios escucha las palabras de
Dios" (Jn 8,47). ¿Cómo pueden ser nuestras
comunidades una expresión de esta atención
diaria a la Palabra de Dios?
71. El ritmo de vida de la comunidad
debe ayudar a los miembros a que escuchen
la Palabra con atención. La lectura diaria
de la Escritura y los momentos de meditación
en común nos ayudarán a escuchar la Palabra
en cuanto comunidad y a buscar, a la luz del
Espíritu Santo, su comprensión. Muchas comunidades
locales dedican semanalmente un tiempo a compartir
ideas en orden a la preparación de la predicación
del domingo o de otros momentos de predicación
extraordinaria. Debemos alentarnos mutuamente
a dejar que la Palabra cambie nuestros corazones
y nos haga dar un mayor valor a la recepción
del sacramento de la reconciliación y a la
dirección espiritual.
72. Si estamos de acuerdo con San Jerónimo
en que "la ignorancia de la Escritura
es ignorancia de Cristo",
[36]
entonces la dificultad
en orden a descubrir la dimensión profética
de nuestra vocación podría enraizarse en la
falta de familiaridad con la Palabra de Dios.
Después de todo, Jesús da un mandato a sus
apóstoles al decirles: "ustedes serán
mis testigos" (Hech 1,8); es de él y
de su reino de quienes damos testimonio. San
Juan Crisóstomo observa que los apóstoles
bajaron del monte en Galilea, donde se habían
encontrado con el Señor resucitado, sin ningunas
tablas de piedra escritas como en el caso
de Moisés: sus propias vidas se convertirían
en adelante en Evangelio viviente.
[37]
En
el corazón de la comunidad... se encuentra
el propio redentor y
su espíritu de amor
73. Creo que debemos estar de acuerdo
en que el seguir a Cristo de una forma o de
otra, no es algo arbitrario. En el tema de
la vocación no hay nada arbitrario. Todo cristiano
debe seguir su vocación; es decir, la voluntad
de Dios en su caso individual y, en cuanto
la ha encontrado, hacer lo que el comerciante
de la parábola de Jesús, "alegrarse y
vender todo lo que tiene" para vivir
en fidelidad con la llamada del Señor (Mt
13,44). Para mis padres, su vocación como
esposos y padres fue superior a cualquiera
otra cosa porque fue su vocación; es decir, a la que fueron llamados. Para mí, ser Redentorista
es el mejor camino posible en la vida porque
es al que Dios me ha invitado.
74. Por nuestra profesión, hemos respondido
al Señor con el don total de nosotros mismos
y nos hemos comprometido a buscar la voluntad
de Dios dentro de una concreta comunidad eclesial,
la Congregación. Nuestra obediencia a Dios,
algo invisible, tiene lugar dentro del marco
de nuestra comunidad visible.
75. Así como no podemos afirmar que
amamos a Dios, a quien no vemos, si despreciamos
al hermano, a quien sí vemos (cf. 1Jn 4,20
- 21), los Redentoristas no pueden decir que
buscan la voluntad de Dios a menos que dicha
búsqueda tenga lugar dentro de la comunidad
visible de la Congregación. Así, las normas
para dirigir el discernimiento y tomar decisiones
son de crucial importancia a la hora de evitar
el peligro de reducir la misión de la Congregación
a un trabajo o a un recorrido que se hace
principalmente para el propio auto engrandecimiento
y que por tanto es, más o menos, dirigido
por cada individuo personalmente.
[38]
Nuestras Constituciones
proponen que la búsqueda de la voluntad de
Dios sea una tarea en la que sea corresponsable
cada uno de los miembros de la Congregación.
76. Ningún Redentorista puede desentenderse
de la tarea de contribuir a crear una comunidad
obediente, “pues a cada uno se le otorga la
manifestación del Espíritu para el bien común”
(Const. 92; cf. 1Cor 12,7; Const. 72). Por
tanto, un crucial servicio de quienes detentan
la autoridad es alentar a la comunidad en
su esfuerzo por escuchar, discernir, e “inducir
a los religiosos a cooperar con obediencia
activa y responsable en el cumplimiento de
sus cargos y en la aceptación de tareas” (Const.
72).
77. Un importante instrumento en el
ejercicio de la obediencia corresponsable
es el diálogo, denominado por Pablo VI con
el nuevo nombre de caridad
[39]
y del que la vida consagrada
debe brindar una experiencia privilegiada.
[40]
Puesto que el discernimiento
comunitario no sustituye al servicio de la
autoridad en la comunidad, aquellos que detentan
autoridad deben tener siempre presente que
la comunidad es el mejor lugar en el que reconocer
y aceptar la voluntad de Dios.
[41]
78. Nuestras Constituciones y Estatutos,
así como los decretos de los recientes Capítulos
Generales, proponen varias formas para que
la comunidad busque la voluntad de Dios. Las
Asambleas provinciales y los Capítulos son
momentos privilegiados para escuchar y discernir
la voluntad de Dios así como para darle una
respuesta efectiva. Todos los miembros de
la (Vice)Provincia deben tener la oportunidad
de contribuir generosamente a la reflexión
del Capítulo, bien a través de la participación
en el proceso establecido para su preparación
bien como miembros elegidos. A este fin, los
miembros de cada Unidad deben estar bien informados
sobre las cuestiones que serán tratadas por
el Capítulo así como tener la oportunidad
de expresar su opinión.
79. El principio de corresponsabilidad
no quiere decir que todos tengan que estar
físicamente presentes en un Capítulo. De hecho,
el Consejo General tiene serias dudas sobre
la eficacia de Capítulos masivos, especialmente
como expresión ordinaria de gobierno en las
Unidades más grandes. Entre los muchos problemas
de esta forma de gobierno, hemos visto que
de tales reuniones capitulares emanan determinaciones
que frecuentemente son muy vagas y se expresan
en un lenguaje tan general que el gobierno
provincial recibe poca orientación que sea
eficaz para el ejercicio de su mandato. La
falta de una clara dirección en una Provincia
es una invitación a una suerte de exagerado
individualismo que entorpece hoy a un número
de Unidades. Careciendo de un obediente y
colegial discernimiento de sus prioridades,
los miembros de una unidad se sienten alentados
a "encontrar algo que hacer", acelerando
así la fragmentación de la comunidad.
80. En nuestra Congregación, las elecciones
no son simplemente cuestión de depositar el
voto y contar las papeletas; mucho menos,
de la búsqueda de alguien que deje a los miembros
hacer, sin ser molestados, en la prosecución
de sus proyectos individuales. Por el contrario,
las elecciones deben ser un importante ejercicio
del voto de obediencia por parte de la comunidad
provincial, que se caracteriza por una humilde
y corresponsable búsqueda de la voluntad de
Dios. Debido a que el proceso electoral debe
realizarse en una atmósfera de oración, se
espera que del mismo resulte una convergencia
de puntos de vista, la Congregación deben
revisar con visión crítica ciertos procesos
más o menos democráticos e incluso privados,
tales como votar por correo. Es difícil calibrar
en qué medida este sistema favorece el diálogo
y el discernimiento entre los miembros de
la Unidad. La finalidad apostólica de la Congregación
debe penetrar e inspirar el discernimiento
y la selección de los líderes.
81. El XXII Capítulo General (1997)
recomendó a la Congregación el proyecto de
vida comunitaria. Algunas Provincias utilizan
regularmente este instrumento y han encontrado
en él un sólido medio para la búsqueda de
la voluntad de Dios en la situación concreta
de la comunidad local. La preparación del
plan induce al diálogo fructífero que lleva
a insertar los dones personales de cada miembro
en un proyecto común. Una evaluación regular
del plan puede proporcionar una provechosa
revisión de la vida de los miembros y abrir
la puerta a la conversión continua.
82. Finalmente, dado el papel especial
del superior local en el discernimiento de
la comunidad (cf. por ejemplo, Const. 72,
136; Estatuto General 037), una importante
estructura para promover la corresponsabilidad
son las reuniones periódicas de los superiores
destinadas a su formación continua en lo que
se espera de ellos de acuerdo con el proyecto
carismático de la Congregación.
El
espíritu del Señor está sobre mí, porque me
ha ungido....
83. Con la obediencia a la Palabra
de Dios y la adhesión a las Constituciones
y Estatutos, nuestra atenta obediencia a la
voz de los pobres abandonados ayuda a garantizar
nuestra fidelidad a la voluntad de Dios. Con
el paso de los años he meditado frecuentemente
sobre el encuentro del diácono Felipe con
el funcionario de Candace, reina de Etiopía,
narrado en los Hechos de los Apóstoles (Hech
8,27). En su viaje de Jerusalén, el eunuco
estaba leyendo atentamente el libro del profeta
Isaías. Sin embargo, por más que se esforzaba,
sencillamente no podía comprender el texto.
Cuando Felipe subió a su carruaje y le explicó
la Palabra, el funcionario no sólo la comprendió,
sino que también fue convertido por el Señor.
Su vida tomó un nuevo rumbo y pidió ser bautizado.
84. ¿Hay una lección para nosotros
en este pasaje de los Hechos? Los Redentoristas
tenemos una "página" ante nuestros
ojos, bien sea la Palabra de Dios bien sea
el momento presente de la historia, y, a pesar
de nuestros esfuerzos, no conseguimos "entenderla"
- su sentido se nos escapa. Justamente igual
que el Espíritu condujo a Felipe a ayudar
al eunuco a comprender lo que estaba leyendo,
de igual modo el Espíritu ha dado a la Congregación
los pobres abandonados como nuestros profesores
particulares. Si no escuchamos su voz, la
página escrita de la Escritura, las Constituciones
y Estatutos, y el mundo a nuestro alrededor
quedarán en gran parte indescifrables para
nosotros.
85. Nosotros escuchamos a los pobres
abandonados, ante todo y principalmente, a
causa de Jesucristo que comenzó su ministerio
público con la proclamación de esperanza a
los pobres, a los débiles y a los oprimidos
de la tierra: "El Espíritu del Señor
sobre mí, porque me ha ungido para anunciar
a los pobres la Buena Nueva, me ha enviado
a proclamar la liberación a los cautivos y
la vista a los ciegos, para dar la libertad
a los oprimidos y proclamar un año de gracia
del Señor" (Lc 4,18-19). Alfonso conectó
la misión de la Congregación con la misión
de Jesucristo y usó ese pasaje de Lucas para
que nos ayudara a comprender por qué existimos
en la Iglesia.
86. No mostramos a la gente a un Dios
distante y receloso, sino que, por el contrario,
ayudamos a la gente a ver que Dios dio el
primer paso y está presente entre ellos. Escuchamos
a los pobres abandonados a fin de descubrir
al Señor "allí donde Él ya está presente
y actúa de modo misterioso" (Const. 7),
especialmente entre los marginados por la
Iglesia o por la sociedad. Dios nos confió
la misión de ser testigos de su propia kenosis
que lo lleva a las profundidades de nuestro
mundo y de vuelta al cielo, a fin de contar
esta historia a quienes, de otra forma, tendrían
poca oportunidad de escucharla, y de ofrecerles
la plena participación en la vida divina.
87. Escuchar la voz de los pobres abandonados
no sólo nos convence de la llamada que nos
hacen, sino que percibimos también que ellos
ofrecen sus propios dones a la Congregación.
A través de ellos experimentamos el misterio
de la fuerza de Dios que se manifiesta en
la debilidad (2Cor 4,7-9), no sólo entre la
gente a la que atendemos, sino también en
la fragilidad de nuestros propios recursos.
Los pobres nos enseñan que la fuerza se encuentra
en la comunidad y en las mutuas relaciones
y, por tanto, y de esta forma nos animan a
buscar nuevas estructuras de cooperación que
reforzarán nuestra labor misionera. Finalmente,
los pobres abandonados nos invitan a una misión
que es siempre una respuesta gratuita al amor
abundante de Dios: "Gratis lo han recibido;
denlo gratis " (Mt 10,8). Es nuestra
propia experiencia de la gratuita compasión
de Dios la que nos impulsa a hacer el don
total de nosotros mismos.
88. Los pobres no necesitan de nosotros.
Si escogemos no ir hasta ellos, Dios encontrará
a otra gente puesto que Dios escucha el clamor
de los pobres. Mis hermanos, el punto es que
nosotros necesitamos a los pobres si es que
queremos ser fieles a la misión que se nos
ha confiado. La obediencia a su voz no es
sólo "hacer cosas" por ellos, sino
entrar en un proceso de conversión que nos
lleve que a despojarnos de nosotros mismos
y a ofrecer nuestras vidas como un don. Para
esto, debemos reconocer que los pobres abandonados
existen realmente: ellos no son sólo teorías
o estadísticas, sino que tienen nombres y
rostros. Nosotros vamos adonde la Iglesia
no puede o no quiere ir y escuchamos a la
gente que allí encontramos. Si escuchamos
su voz, junto con la Palabra de Dios y nuestras
Constituciones y Estatutos, aprenderemos lo
que debemos hacer.
Conclusión
María respondió al ángel: «¿Cómo será
esto, puesto que no conozco varón?...»
María dijo: «He aquí la esclava del
Señor; hágase en mí según su palabra.»
(Lc. 1,34.38)
89. El Congreso internacional sobre
la Vida Consagrada, un acontecimiento sin
precedentes que reunió en 2004 a más de 800
participantes – la mayoría Superiores Generales
de Congregaciones masculinas y femeninas juntamente
con presidentes de prácticamente todas las
Conferencias nacionales de religiosos y diversos
teólogos – elaboró un Documento Final con
diversas declaraciones audaces. Entre las
más llamativas se encuentra ésta:
"De
un tiempo a esta parte, algo nuevo ha surgido
entre nosotros más allá de otras realidades
de muerte (tradiciones y estilos obsoletos,
instituciones moribundas). La agonía de lo
que muere y la confianza en lo que está naciendo
nos afectan. Aunque no veamos aún lo que el
Espíritu está alumbrando en la vida consagrada,
identificamos, no obstante..., brotes nuevos..."
[42]
90. Tras escuchar dieciocho años a
los Redentoristas y a los hermanos y hermanas
que nos acompañan así como también a miembros
de otros Institutos de vida consagrada, estoy
cada vez más convencido de que algo nuevo
está naciendo en nuestra Congregación. El
ejercicio de nuestro voto de obediencia nos
ayudará a vislumbrar lo que el Espíritu está
haciendo surgir y nos dará corazones que sean
suficientemente libres como para llevar a
cabo nuestra parte en la gran obra de la Redención.
91. Debemos
ser como María en la anunciación: ella pregunta
(Lc 1,34), reflexiona, medita. Ella confía
y se abandona a Dios. Su obediencia es "Creer
pero también preguntar";
[43]
al mismo tiempo, está "pronta
a obedecer".
[44]
"Meditaba todas estas
cosas y las sopesaba en su corazón" (Lc
2,19), y de esta forma "encontró el nexo
profundo que unía acontecimientos, gestos
y cosas aparentemente distintas en el gran
plan divino".
[45]
En ella reconocemos a nuestra
Madre, solícita en el ayudarnos en todo instante,
pero también a nuestro modelo en los caminos
de la fe.
[46]
¡Que Ella nos ayude a escuchar
al Señor y a reconocer la grandeza de nuestra
vocación! ¡Que Ella nos lleve a un amor cada
vez más profundo a su Hijo, el Redentor del
mundo!
Fraternalmente en Cristo Redentor,
Joseph W. Tobin,
C.Ss.R.
Superior General