Communicanda 2
Roma, 14 de Enero de 1994
Prot.
N. 0007/94
Unidad
en la Diversidad
Queridos Cohermanos:
1. Han pasado más de dos años desde el XXI Capítulo General,
Durante este tiempo, el Consejo General se ha
unido a la Congregación para reflexionar sobre
las conclusiones de aquel momento de gracia.
Unidos a todos vosotros, hemos intentado aplicar
los contenidos del Documento Final a
nuestro servicio a la Congregación, tanto desde
Roma, como con ocasión de nuestra presencia
en las (Vice)Provincias y Regiones.
2. Os hemos ofrecido ya nuestras
primeras reflexiones sobre el tema propuesto
para el presente sexenio.
[1]
En nuestras visitas hemos
escuchado las experiencias de las diversas unidades
de la Congregación. En nuestra propia comunidad
de Roma, hemos continuado estudiando las implicaciones
del tema para la vida de cada día. Creemos que
es el momento de compartir una vez más con vosotros
nuestra reflexión.
3. Constatamos que en las últimas décadas hemos
asistido al crecimiento de la positiva valoración
de la gran diversidad en la vida de nuestra
Congregación. La descentralización de nuestro
gobierno, el inicio de la cooperación regional,
y la libertad dada a cada una de las unidades
para adecuar sus métodos pastorales y su estilo
de vida a las exigencias de sus pueblos, todo
ello ha servido para hacer más profunda aun
la encarnación de la Congregación en la iglesia
local y en la sociedad civil.
4. El principio de inculturación recibió un fuerte
apoyo en el último Capítulo General (Documento
Final
[2]
13-21) y en la primera
Communicanda del actual Gobierno General
(3.1-3.9). Pensamos que la inculturación es
la respuesta adecuada a los signos de los tiempos
y un desafío a la creatividad del misionero
Redentorista de hoy,
5. Sin embargo, nos preguntamos si no ha llegado
el momento de que reflexionemos sobre lo que
debe unir a los Redentoristas, más allá de los
distintos ambientes culturales y de los diferentes
métodos apostólicos. De hecho, el problema de
la unidad de la Congregación nos fue planteado
por el último Capítulo General: "Pedimos
al Gobierno General que busque la convergencia
unificadora del dinamismo evangelizador, respetando
el legítimo pluralismo cultural en métodos pastorales"
(DF, 14).
6. Como respuesta a este reto,
queremos reconocer la diversidad de Redentoristas
y, al mismo tiempo, promover lo que es esencial
para nuestra vida apostólica, y trabajar sin
cesar por salvaguardar la unidad de la Congregación
(Estatuto General
[3]
0120). Sin una idea clara
de lo que debe unirnos, corremos el riesgo de
deslizamos inconscientemente hacia una vaga
federación de unidades autónomas y de monasterios
independientes, sacrificando con ello el poderoso
testimonio de una congregación religiosa extendida
por todo el mundo que encuentra su unidad en
medio de su diversidad.
7. Iniciamos nuestra reflexión con una consideración
sobre el pluralismo en la Congregación, sobre
cómo este pluralismo es asumido y aceptado,
y sobre algunos de los difíciles retos que plantea.
A continuación presentaremos aquello que consideramos
es la base de nuestra animación de la Congregación:
los elementos de ese "principio unificador
de nuestro dinamismo evangelizador". Os
pedimos que reflexionéis seriamente sobre estos
elementos, pues ellos constituyen el mensaje
que quisiéramos llevar a todas las unidades
de la Congregación, y creemos que ellos pueden
ayudar a una mayor clarificación de la identidad
de todos los Redentoristas hoy.
I. El pluralismo
en la Congregación
8. No hay duda de que la Congregación se encuentra
extendida por una inmensa área geográfica que
abarca numerosas y diferentes culturas (DF,
14). Prácticamente todos los meses, la edición
de Communicationes e Informationes
refleja el amplio expectro de situaciones
eclesiales, económicas, sociales y políticas
en las que se encuentran los Redentoristas.
Los Capítulos Generales y otros encuentros internacionales
nos recuerdan las partes tan distintas del mundo
en las que los Redentoristas trabajamos y vivimos.
9. La pluralidad de culturas que encontramos
en la Congregación puede darse también en un
sólo país (DF, 14), o incluso en una misma Provincia.
En una misma región, la tasa de natalidad desciende
fuertemente en unos grupos de población mientras
que en otros aumenta dramáticamente. Las migraciones
de los pueblos, así como el flujo de los refugiados,
pueden hacer cambiar bruscamente el aspecto
de una unidad concreta de la Congregación. No
es infrecuente que cohermanos de una misma Provincia
se encuentren trabajando apostólicamente en
contextos culturales totalmente diferentes.
10. En las dos últimas décadas, los intentos de
formulación de las prioridades pastorales han
reflejado el pluralismo existente en la Congregación.
Hemos reconocido la diversidad y pluralidad
de situaciones eclesiales y humanas en las diversas
regiones (DF, 3), Reconocemos que los Redentoristas
están condicionados por los poderosos movimientos
sociales y culturales de nuestro tiempo (DF,
18). Es claro que situaciones realmente diferentes
piden de nosotros respuestas diferentes y creativas.
En su informe al último Capítulo General, el
Superior General afirmaba que un sano pluralismo
en las "urgencias" pastorales era
un motivo de esperanza en la vida apostólica
de la Congregación.
[4]
11. Aparte de esto, aunque es cierto que en tiempos
pasados había un significativo grado de uniformidad
en el estilo de vida comunitaria de los Redentoristas
de todo el mundo, hoy las cosas han cambiado.
El orden del día, los modos de vestir, las formas
de oración comunitaria, y otras cosas por el
estilo que reflejaban la común identidad de
los Redentorista, ahora varían enormemente de
unas zonas a otras.
Pluralismo aceptado
12. Es evidente que nuestras Constituciones y Estatutos
animan a los Redentoristas a ser flexibles en
el desempeño de su misión. Son nuestras circunstancias
las que deben determinar nuestra respuesta:
"En cada circunstancia indagarán con ahínco
qué es lo que deben hacer o decir" (Constitución
[5]
8). Se reconoce el pluralismo
en las personas a evangelizar (EG 010-015) y
en las posibles formas que la evangelización
puede adoptar (EG 016- 024). No hay duda de
que nuestra propia legislación contempla una
diversidad de respuestas misioneras a las situaciones
concretas como expresión válida, e incluso necesaria,
del carisma Redentorista.
13. La organización de nuestras comunidades locales
debe reflejar la diversidad del mundo Redentorista:
"Estas normas deben ser tales que por su
misma condición y en vistas de las tareas misioneras,
puedan adaptarse, según lo exijan la Iglesia,
las circunstancias de tiempos y lugares y la
cultura e índole propia de cada pueblo"
(C. 45; cf. EG 041). Hasta la misma forma de
vivir nuestros votos tiene en cuenta las diferencias
culturales (EG 044-047, 048a).
14. Los principios generales de gobierno de la Congregación
han desmantelado la estructura excesivamente
centralizada y vertical del pasado, con la esperanza
de dar "valor apostólico a las normas establecidas
en las mismas Constituciones y Estatutos"
(C. 91). Los cinco principios fundamentales
de corresponsabilidad, descentralización, subsidiariedad,
solidaridad y flexibilidad (C. 92-96) ofrecen
amplio espacio a una diversidad de expresiones
del carisma Redentorista. Por otra parte, al
Capítulo General se le advierte que elija al
Gobierno General de tal forma que toda la Congregación
esté reflejada, de algún modo, en el Gobierno
General (EG 0124).
15. El pluralismo en la vida y en la misión de la
Congregación fue afirmado en los encuentros
regionales que precedieron a los últimos Capítulos
Generales. Una Región presentaba como un aspecto
positivo de la vida comunitaria la mayor tolerancia
de las diferencias y la aceptación del pluralismo
en la forma de vida.
[6]
Varias Regiones llamaban
la atención sobre la importancia de que la misión
específica de cada unidad se reflejara en la
forma de organizar las experiencias de la formación
inicial.
[7]
16. Otra Región veía el pluralismo en la Congregación
como una fuente de posible enriquecimiento para
nosotros:
Pero, además, hemos
de reconocer, entre nosotros, diversas maneras
de entender la misión, la Iglesia, el quehacer
de los laicos, la opción por los pobres etc.,
es decir, que nos movemos bajo diversas eclesiologías
o visiones de la Iglesia. Esto puede enriquecernos
en el ser y en el hacer.
[8]
17. El XXI Capítulo General, a la hora de proponer su propio
objetivo, afirmaba el valor del actual pluralismo
existente en la Congregación:
El interés principal
del Capítulo es fomentar el bien de toda la
Congregación. Este capítulo busca promover lo
que es esencial para nuestra vida apostólica
mientras reconoce positivamente la diversidad
y la pluralidad de las situaciones humanas y
eclesiales en las distintas regiones (DF, 3).
El interés del Capítulo
por el principio de inculturación presupone
la diversidad de situaciones en las cuales se
encuentra actualmente la Congregación, y pide
respuestas misioneras que sean profundamente
sensibles a las circunstancias particulares
(cf. DF, 13-21).
Varias de las recomendaciones
del Capítulo en las dos áreas de particular
interés, la pastoral juvenil y la colaboración
con los laicos, nos invitan a ser sensibles
a las diferencias de la cultura local (DF, 56d,
59d).
18. El Capítulo General subraya la diversidad de
formas de vida comunitaria de los Redentoristas:
"La comunidad redentorista adopta muchas
y muy variadas formas de acuerdo con el pluralismo
socio-cultural en que vive la Congregación"
(DF, 29). También se recomienda insistentemente
a toda la Congregación que en su búsqueda de
nuevas formas de una genuina espiritualidad
Redentorista tenga en cuenta la realidad social
y eclesial de cada unidad (DF, 34c).
19. Nuestro estudio inicial del Documento Final
nos llevaba a afirmar que:
Esta diversidad de
la Congregación a través de los continentes,
que se expresa también en diferentes ritos,
es buena e incluso necesaria. Es el signo de
que establecemos comunión con los pueblos a
los que pertenecemos. Es el reflejo de la catolicidad
de la Iglesia, presente en las diversas culturas.
Es una llamada a cada uno de nosotros a abrir
su mente y su corazón al Espíritu presente en
todos los continentes (Communicanda 1,
4.1).
20. En la Communicanda 1 (3.1–3.9) hicimos ya una
extensa valoración de la importancia que para
nuestra actividad apostólica tiene la inculturación.
21. Pero nuestra positiva valoración de la diversidad
para la Congregación no es exclusivamente teórica.
Tenemos la experiencia diaria de la riqueza
y de las oportunidades que ofrece la tarea de
edificar una comunidad apostólica cuyos miembros
provienen de culturas diferentes, han tenido
una formación teológica totalmente distinta
y han vivido diferentes experiencias pastorales.
Nuestro permanente compromiso de crecer juntos
en nuestra vocación Redentorista es ya en sí
mismo una afirmación del pluralismo en la Congregación.
El pluralismo plantea serios retos
22. La diversidad de situaciones y la pluralidad
de respuestas en la Congregación presenta también
aspectos cuestionables. Esta fue una de las
grandes preocupaciones del Capítulo General,
y lo es del actual Consejo General.
Este es el análisis
que del problema hace el Capítulo General:
El Capítulo General
reconoce que existen problemas de comprensión
y de estima entre Regiones, sobre todo cuando
se discuten situaciones concretas de cada una
de ellas. Para algunas Regiones, por ejemplo,
es difícil comprender la motivación y las consecuencias
de la opción por los pobres, mientras que otras
difícilmente comprenden cómo se puede continuar
creyendo en el evangelio en un mundo secularizado.
A causa de esto hay una tendencia a crearnos
prejuicios sin conocimiento suficiente (DF,
9).
23. Compartirnos la preocupación de nuestros inmediatos
predecesores en el Consejo General cuando aludían
al posible efecto de división entre las diversas
Regiones de la Congregación provocado por el
tema del anterior sexenio.
[9]
Las reacciones ante el tema
amenazaron con ahondar la división de la Congregación
por criterios ideológicos.
24. Hay otro tipo de pluralismo muy extendido en
la Congregación que, en la práctica, es una
especie de dicotomía que contrapone actividad
pastoral y vida comunitaria. Tal como decía
el Superior General en su informe al último-Capítulo
General:
A veces me parece
que algunos modelos de vida comunitaria no dicen
nada al mundo de hoy. La vivencia diaria de
nuestra consagración bautismal como misión,
la aceptación de nuestros votos religiosos como
camino de consagración en el contexto de la
sociedad actual y el desarrollo de la dimensión
trascendental de toda nuestra vida, se presentan
todavía como lagunas serias... Nos esforzamos
mucho más en renovar nuestras actividades que
en renovar nuestra comunidad.
[10]
25. Se ha señalado que el pluralismo en una misma
Región pone en entredicho los esfuerzos en el
campo de la colaboración:
Es difícil organizar
en nuestra región programas comunes que interesen
a las diferentes unidades, a causa de las grandes
distancias en la región, la diversidad de lenguas,
de culturas y de actitudes de los gobiernos
nacionales.
[11]
26. Es comprensible que las tensiones en el interior
de la Iglesia local o en países de la misma
región afecten a la Congregación.
[12]
Pero la presencia de tales
tensiones en el interior de las unidades de
la misma Región puede tener efectos negativos:
Pero, además, hemos
de reconocer, entre nosotros, diversas maneras
de entender la misión de la Iglesia, el quehacer
de los laicos, la opción por los pobres, etc...
Sin embargo, el no tener consenso mínimo en
el modo de pensar, nos conduce a apostolados
aislados y paralelos que destruyen, en
vez de construir el Reino de Dios.
[13]
27. El encuentro de diferentes culturas
en la misma Región puede provocar malentendidos:
Inevitablemente,
hay problemas que presentaron incertidumbres
en nuestra reunión, por ejemplo, lo que algunos
consideran como influencia negativa del mundo
Occidental sobre la vida religiosa de Europa
del Este.
[14]
28. Finalmente, no es ningún secreto para nadie
que a varias Regiones les resultó difícil entender
y llevar a la práctica el tema general del pasado
sexenio. Como decía una de las Regiones:
Una falta de precisión
del Tema del sexenio da píe a diversas interpretaciones
entre nosotros, y un debate continuo sobre "quiénes
son los pobres" suscita entre nosotros
dificultades. En parte, hemos tenido dificultad
en comprender el Tema del sexenio porque nosotros
no vivimos con frecuencia entre los pobres.
[15]
29. Nuestra experiencia de la Congregación nos muestra
que la diversidad de situaciones, actitudes
y respuestas que crea tensiones a nivel regional,
se encuentra también, de ordinario, en las unidades
concretas y en las comunidades locales. Como
consecuencia de la diferencia de edad y de formación
teológica, de visiones opuestas de la Iglesia
y de la Congregación, existe en la Provincia
una verdadera diversidad de culturas. Hay una
permanente discusión sobre los destinatarios
de nuestra evangelización y sobre las formas
adecuadas de hacerlo. Algunos cohermanos exigen
nuevas iniciativas apostólicas, mientras que
otros se aferran tenazmente a los compromisos
actuales. Se formulan exigencias radicalmente
distintas sobre la vida comunitaria, sobre la
oración común, sobre el ejercicio de la corresponsabilidad.
30. El desafío presentado por el pluralismo en su
forma extrema es el del individualismo. Por
individualismo no entendemos la alta valoración
en que se debe tener a cada cohermano y la -preocupación
que la comunidad debe mostrar por el crecimiento
en madurez y responsabilidad de cada uno de
sus miembros (C.36). Nos referimos más bien
a la situación en que se encuentran no pocas
unidades donde un significativo número de cohermanos
son prácticamente autónomos, haciendo cada uno
lo que quiere. Las consecuencias de esta actitud
son verdaderamente deletéreas: las prioridades
pastorales de muchas unidades no se llevan a
la práctica; las comunidades locales se convierten
en casas de huéspedes; los jóvenes son incapaces
de encontrar en nosotros el más mínimo signo
de consenso o de objetivo común.
II. La Unidad
de la Congregación
31. Se ha reflexionado mucho sobre el pluralismo
de nuestra comunidad apostólica Redentorista,
sobre cómo se ha "encarnado" en la
diversas regiones del mundo. Ahora nos preguntamos:
¿Existen elementos comunes en nuestra animación
de la Congregación?. Creemos que, efectivamente,
existen. En primer lugar, constatamos la existencia
de características que distinguen en la actualidad
a los Redentoristas de todo el mundo. Es posible
trazar una especie de "retrato" informal
de los Redentoristas, poniendo de relieve el
peculiar modo de entender nuestro servicio pastoral,
las personas a las que servimos, nuestra vida
comunitaria, y algunos elementos de nuestra
espiritualidad.
Un retrato del redentorista
32. El fin de nuestra Congregación es "seguir
el ejemplo de Jesucristo Salvador, en la predicación
de la divina Palabra a los pobres" (C.
1). Predicar la palabra de Dios ha sido lo específico
de los Redentoristas desde los primeros momentos,
y hemos sido celosos guardianes de esta herencia.
Aunque el contexto concreto sean las misiones
parroquiales, los retiros u otros ejercicios
espirituales, o una homilía en la misa dominical,
el celo que ponemos en ello, así como la sencillez
de nuestro estilo, parecen distinguir a los
Redentoristas de todo el mundo. De ordinario,
intentamos ser muy flexibles en la búsqueda
de nuevos y más adecuados métodos de presentar
la revelación de. Dios.
33. Los Redentoristas muestran una preferencia por
la gente sencilla, especialmente por aquellos
a quienes normalmente llamamos "los pobres
y más abandonados". Seguimos queriendo
ir allí a donde la Iglesia institucional no
puede o no quiere ir. Intentamos estar cercanos
al pueblo y, generalmente, somos muy sensibles
a sus formas populares de expresar la fe.
34. Valoramos muy positivamente la vida comunitaria.
Más que una exigencia de nuestra propia ley
(C. 21), es algo tan fundamental para nuestra
forma de autocomprendernos que incluso cuando
nuestra vida comunitaria deja mucho que desear
o no existe prácticamente, notamos que nos falta
algo que consideramos absolutamente vital.
Tenemos en gran estima
el espíritu de familia en nuestras comunidades,
amamos nuestras celebraciones, somos prácticamente
incansables a la hora de contar historias que
unen una comunidad particular con la gran familia
de los cohermanos que nos han precedido.
35. Los Redentoristas, generalmente, huimos de las
formas exotéricas o arcanas de espiritualidad
y preferimos métodos de oración personal y común
que son más cercanos al pueblo al que servimos.
A la hora de buscar la renovación de nuestra
oración comunitaria intentamos conservar una
espiritualidad que está centrada en Cristo Redentor,
con un amor especial a la Bienaventurada Virgen
María.
36. Más allá de lo profundas que puedan ser las
diferencias de los contextos en los que vivimos
o trabajamos, éstos son algunos de los rasgos
que nos son comunes a nosotros los Redentoristas.
Tenemos la impresión de que estos rasgos del
Redentorista, que creemos son nuestro patrimonio
desde las intuiciones fundacionales de San Alfonso,
corren el peligro de desdibujarse o incluso
perderse, tal vez de forma irreversible. Como
consecuencia de algunos de los factores citados
en la primera sección de esta communicanda,
y debido también a otras muchas causas, pensamos
que aspectos vitales de nuestra identidad como
Redentoristas están amenazados.
El tema del sexenio y la coherencia
37. Pensamos que ésta era también la preocupación
de los miembros del XXI Capítulo General cuando propusieron el tema para este sexenio. Hemos optado
por buscar el fundamento para nuestra inspiración
y para nuestra animación de la Congregación
en la interpretación de este tema:
De acuerdo
con el tema del sexenio, el Capítulo quiere
subrayar, por una parte, la articulación entre
la tarea evangelizadora, la vida comunitaria
y la espiritualidad redentorista propia de la
Congregación; y, por otra, la necesidad de encarnar
esta triple dimensión de nuestra vida en formas
históricas que expresen la opción de la Congregación
por los más abandonados, en especial, los pobres
(DF, 12).
38. Creemos que la clave para entender el tema es
la coherencia. Sencillamente dicho, el
tema nos enseña que hay tres elementos necesarios
para nuestra identidad como Redentoristas, y
que debe existir una interrelación vital entre
ellos. Dicho de otro modo, la ausencia de uno
o más de estos elementos destruye nuestra identidad
Redentorista: se podrá discutir si somos buenos
sacerdotes o buenos religiosos, pero, ciertamente,
ya no seremos fíeles a la tradición que hemos
recibido. Al mismo tiempo que afirmamos que
Dios está llamando a este Consejo General a
promover una clara coherencia entre los tres
elementos constitutivos, invitamos también a
las (Vice)Provincias y a cada comunidad local
a considerar la necesaria interrelación de la
triple dimensión de nuestra vida.
Nuestra misión
39. El punto de partida de nuestra animación es
siempre la misión Redentorista. Estamos
"llamados a ser presencia viva de Cristo
y continuadores de su misión redentora en el
mundo" (C. 23). La fidelidad a esa misión
exige el establecimiento y realización de prioridades
apostólicas en cada unidad. En cada región concreta,
debemos responder a las necesidades pastorales
urgentes que estén en consonancia con nuestro
carisma tal como se expresa en nuestras Constituciones
y Estatutos (cf. especialmente C. 3-5).
40. De ello se sigue que no todo compromiso apostólico,
por muy valioso que sea en sí mismo, puede ser
aceptado como expresión válida de nuestro carisma
misionero. La categoría "los más abandonados,
especialmente los pobres" no puede extenderse
tanto que incluya cualquier posible forma de
servicio pastoral. Como Redentoristas, no podemos
evitar el tener que hacer frecuentemente opciones
dolorosas.
41. Las prioridades de cada unidad deben ser sometidas
a revisión y modificación. Ello pide de nosotros
movilidad y flexibilidad (Cf. Mc. 1, 38-39),
así como espíritu de desprendimiento (distacco)
de nuestros éxitos pasados. El permanecer
atados a instituciones o métodos pastorales
que ya no. responden a situaciones actuales,
debilita nuestra eficacia.
42. El dinamismo misionero de nuestra Congregación
está por encima de su estructura jurídica, incluida
la actual organización de Provincias y Viceprovincias.
De hecho, pueden ser posibles nuevas iniciativas
pastorales, incluso en Provincias envejecidas
sin un gran número de candidatos, a condición
de que se abran a los procesos de colaboración
y reestructuración a los que se refiere el Documento
Final (DF, 62).
Nuestra vida comunitaria
43. No basta con actualizar nuestro trabajo y hacerlo
más coherente con nuestro carisma. El último
Capítulo General recuerda a todos los Redentoristas
que nuestra vida comunitaria y nuestra espiritualidad
no son algo añadido a nuestra actividad pastoral,
sino que, junto con nuestro particular dinamismo,
forman parte indispensable de nuestra misión
en la Iglesia.
Todas nuestras comunidades
deben sentirse llamadas a ser ellas mismas una
explícita proclamación del Evangelio, al mismo
tiempo que una eficaz presencia del Reino de
Dios en medio de los hombres y mujeres (DF,
23),
44. Aunque existe un fuerte deseo de mejorar las
relaciones humanas en nuestras comunidades,
no creemos que éste sea el único criterio para
nuestra vida comunitaria. Sabemos que la actividad
pastoral de los primeros Redentoristas estaba
estrechamente ligada al testimonio de
su vida comunitaria. La predicación de Alfonso
y de sus compañeros era fuertemente creíble
por su sencillez, oración, austeridad y apertura
de las primitivas comunidades Redentoristas.
Había una visible coherencia entre su actividad
pastoral y su vida comunitaria. Cuando el Documento
Final habla de nuestras comunidades como
de una "presencia eficaz del Reino de Dios"
y de "la fuerza de testimonio de la comunidad
en cuanto signo de la presencia del reino"
(DF, 23, 29), nos recuerda la vital relación
entre nuestra misión y nuestra comunidad de
vida.
Nuestra espiritualidad
45. Al llamar a una coherencia que incluya nuestra
propia espiritualidad, el Capítulo nos pone
en guardia contra una especie de dualismo que
nos llevaría a actitudes inaceptables para los
Redentoristas (DF, 35). Nos invita a descubrir
una real consistencia en nuestras vidas que
no es otra cosa que la integración coherente
de nuestra fe y de nuestra experiencia personal
y comunitaria. La persona del Redentor une nuestra
espiritualidad con nuestra misión (DF, 36).
Se nos llama a trabajar con creatividad para
hacer de nuestra espiritualidad el alma de nuestras
comunidades" (DF, 41).
En resumen
46. Consideramos el pluralismo en nuestra familia
religiosa internacional como un "signo
de los tiempos", como algo absolutamente
necesario, pero también como una fuente de tensiones.
Pensamos que la búsqueda de un tipo de unidad
que respete al mismo tiempo las situaciones
particulares humanas y religiosas de los Redentoristas
actuales y que refuerce en nosotros la fidelidad
a nuestro patrimonio común desde san Alfonso,
debe comenzar y terminar en una auténtica coherencia
entre los elementos constitutivos de nuestra
vocación: nuestra misión específica,
nuestra vida comunitaria, y nuestra espiritualidad.
En realidad, en la medida en que las personas,
las comunidades locales y las (Vice)Provincias
descubran esa coherencia en ellos mismos, en
esa misma medida podremos permanecer unidos
como congregación religiosa universal.
Conclusión
47. Los elementos que hemos optado por poner de
relieve constituyen nuestra respuesta a los
"signos de los tiempos": lo que hemos
visto y oído en nuestra Congregación, analizado
a la luz de la palabra de Dios, de nuestros
Estatutos y Constituciones, del reciente Capítulo
General y de las reflexiones de nuestros predecesores.
Aceptamos el pluralismo en nuestras orientaciones
apostólicas, en las expresiones de vida comunitaria
y en las formas de espiritualidad. Es la acción
del Espíritu, que es la fuente de todos los
dones. Pero, también nos sentimos llamados a
subrayar aquello que deberá unir a todos los
cohermanos del mundo, los elementos de esa "convergencia
unificadora del dinamismo evangelizador, respetando
el legítimo pluralismo cultural en métodos pastorales"
(DF, 14). Afirmamos que esta "convergencia
unificadora" debe encontrarse en el tema
del sexenio, especialmente en su insistencia
en una auténtica coherencia en la vida actual
de los Redentoristas. En nuestra animación de
las (V)Provincias, queremos buscar con vosotros
esta coherencia que es un signo claro de nuestra
fidelidad a la voluntad de Dios sobre nuestra
Congregación.
En nombre del Consejo General,
Juan Manuel Lasso de la
Vega, C.Ss.R.
Superior
General
El texto oficial
de esta Communicanda es el texto inglés.