COMMUNICANDA 10
Roma, 1 de julio de 1987
Gen. 250/87
SAN ALFONSO
MISIONERO DE LOS POBRES
Reflexión en el Bicentenario
de la muerte de nuestro Fundador
Queridos cohermanos,
"Accertato Alfonso
della volontà di Dio, si animò e prese coraggio; e facendo
a Gesù Cristo un sacrificio
totale della Città di Napoli si offerse
menar i suoi giorni dentro proquoi, e tuguri,
e morire in quelli attorneato da' villani e da' pastori".
("Seguro de
la voluntad de Dios, Alfonso se animó y se armó de valor; y haciendo a Jesucristo sacrificio total de
la Ciudad de Nápoles, se ofreció a vivir entre chabolas y tugurios,
y a morir rodeado de aldeanos y de pastores".)
A.M. Tannoia, Della
vita e istituto del Ven. S. di Dio Alfonso.
M. de Liguori. I,
66.
1. Estas palabras de Tannoia Inspiran la reflexión que
el Consejo General ofrece a los miembros de
nuestra Congregación, con ocasión del Bicentenario de la muerte
de San Alfonso. Juzgamos oportuno en este año
bicentenario, volver nuestras miradas hacia
San Alfonso y formularnos una pregunta concreta:
¿Puede su vida ayudarnos a penetrar
el sentido del tema principal de nuestro último Capítulo General, "evangelizare pauperibus
et a pauperibus evangelizari"?
2. Con los ojos puestos en San Alfonso debemos
evitar con cuidado atribuirle afirmaciones que
verdaderamente nunca hizo él. Los problemas y la visión del mundo de su tiempo no eran
los de nuestros días.
Podemos, sí, estudiar
su vida y personalidad, procurando discernir
las actitudes consonantes con nuestro tema.
Haciéndolo,
llegaremos a la conclusión de
que, como Padre y Fundador nuestro, Alfonso
consiguió unificar en su vida el amor a Cristo Redentor
y el amor a los pobres. Y esta constancia podrá ayudarnos a celebrar los 200 años de herencia
que nos legó el
primer Redentorista.
CONVERSIÓN Y VOLUNTAD DE DIOS
3. El recorrido vital de Alfonso, orientado hacia
los pobres, puede ser estudiado a la luz de
la importancia que él atribuía al "distacco" (desprendimiento)
para seguir la voluntad de Dios. Este desprendimiento
alfonsiano es una actitud que expresa su experiencia
personal de "éxodo" y de conversión. Y esa conversión significaba la convergencia
total de su vida con una nueva meta, que ya
nunca perderá de vista.
4. El desprendimiento
de Alfonso era consecuencia de su deseo de descubrir
la llamada del Padre Celestial. Alfonso no era
hombre de una idea fija ni adepto de una utopía ideológica.
Tuvo que buscar la voluntad de Dios entre los
signos contradictorios de su tiempo. Sucesos,
personas, sufrimientos, éxitos, sueños, inspiraciones... no bastaban para que él viera claro el camino. Alfonso
lo tuvo que discernir en diálogo íntimo
con el Señor.
Llegaría a
ser Maestro de la oración,
porque sentía la
necesidad vital de rezar. Se presentó ante el Señor con todos esos signos contradictorios y, a través de un diálogo de fe, brotaron las decisiones
que transformarían
su vida y la nuestra.
5. Volviendo a nuestro tema, la conversión de Alfonso está resaltada en tres momentos importantes.
Primero: Alfonso abandona los tribunales, gesto
que no debe considerarse simplemente como fruto
de la amargura por la derrota o el fracaso de
la ambición. La verdad es que, en aquel
momento, recibió de
Dios una iluminación que
provocó el
desengaño del
mundo en que vivía,
la desilusión de
una sociedad que prometía justicia
pero consentía el
triunfo de la injusticia precisamente en la
sede del derecho. Aunque no debemos esperar
de Alfonso un análisis
crítico
de la sociedad, ciertamente podemos divisar
en su espíritu de desprendimiento una sensibilidad crítica originada por la comprensión del
ambiente social en que vivía.
Más allá del caso legal, se dio cuenta
de la injusticia y corrupción vigentes,
que invadían
las costumbres, las normas y los valores de
la sociedad dominante de su tiempo: "Mondo,
ti ho conosciuto" (Mundo, te he conocido).
6. El segundo momento importante de la conversión de
Alfonso fue cuando asistía a
los pacientes del Hospital de los incurables,
un momento de profunda intensidad en que oyó pregonar las palabras: "Lascia il mondo,
e datti a me" (abandona el mundo y
entrégate a mí). Movido por esta voz, corrió al santuario de la Virgen a
depositar su espada a los pies de la imagen
de Nuestra Señora de las Mercedes. Un gesto
profundo, con el que se separaba del mundo y
cuanto él representaba. Fue un momento
de apertura del corazón,
de génesis
de su disponibilidad a ir adonde quiera que
el Señor le llevase.
7 El desprendimiento lo iba a conducir a otro
mundo: el mundo de los espiritualmente abandonados.
Abandonados porque eran marginados o porque
no contaban para nada en la sociedad en que
él habla vivido. No podemos pedir
a Alfonso una comprensión de
la pobreza y una opción por
los pobres como hoy existe en la Iglesia. Sin
embargo, no hay duda de que en su vida hizo
una opción real
por los pobres.
8. Alfonso llegó a ese tercer momento de su conversión, cuando se encontraba en la
región montañosa
de Scala para un período
de descanso. Allí descubrió otro mundo que hasta entonces
casi desconocía.
Allí fue
donde Alfonso encontró la
gente a cuyo servicio fue llamado, dedicándose a anunciar el Evangelio con todas sus fuerzas:
los espiritualmente abandonados, por ser pobres.
Ellos eran los destinados a ser la preocupación de
toda su vida.
9. Y así podemos ver el incentivo de su desprendimiento;
fue uno de los elementos de su conversión-éxodo de un mundo, para consagrar su vida a otro mundo.
Pasó del
desengaño y
renuncia total de un tipo de sociedad a la aceptación de otra como lugar de encuentro con Cristo Redentor.
PERPETUAR AL REDENTOR
10. Alfonso descubrió que la voluntad de Dios referente a él se personificaba en Jesucristo.
Jesús era
la voluntad encarnada del Padre, la voluntad
de amor salvador. Cristo será el centro de la espiritualidad
de Alfonso. Cada uno de los momentos de la vida
de Jesús será para él una manifestación admirable del amor salvador
de Dios. Pesebre, cruz, eucaristía serán los
símbolos
que tornen manifiesta la fuerza pascual de la
Encarnación, de la Muerte-Resurrección, del misterio del Altar que
actúa en
lo íntimo
de la vida de Alfonso. Cristo no es para Alfonso
meramente un modelo; existe entre los dos una
relación profunda
de amor, una
especie de identificación sacramental. El vigor misionero
de Alfonso crece enraizado en el de Cristo.
Como la unión amorosa de Cristo con el Padre
florece en el deseo de proclamar su amor a todos,
así la unión amorosa de Alfonso con Jesucristo
le llevó a
desear que todos Lo amasen.
11. En el ambiente
de los pobres abandonados fue donde Alfonso
descubrió que Cristo se había encarnado por él. Y se sintió llamado no a ver a Cristo en
los pobres, sino a identificarse con el Redentor
que se hizo pobre para que nosotros fuésemos
ricos. La opción de
Alfonso por los pobres abandonados brotaba de
su identificación con Jesucristo, no de un compromiso
ideológico
con una clase social.
12. Para Alfonso,
María se
presentaba siempre como el modelo supremo de
esa "Cristificación" que él buscaba. Era el símbolo del amor misericordioso
de Cristo a todos, especialmente los más abandonados. Ella, mejor que nadie, podía suscitar en otros una respuesta
a ese amor.
EVANGELIZARE PAUPERIBUS
13. Habiendo Alfonso descubierto aquéllos a cuyo servicio era llamado,
comprendió que
todas sus fuerzas y talentos debía dirigirlos a ese único objetivo: los pobres abandonados. Alfonso,
músico
y escritor, escribirá meditaciones y compondrá canciones populares; Alfonso teólogo concebirá la "vida devota" y
enseñará a los confesores a ser ministros
de misericordia y no de justicia con los abandonados;
Alfonso rezador inventará un estilo simple de plegaria
y la renovación de
la misión;
Alfonso obispo dará de
comer a los hambrientos en tiempo de carestía. Todo en convergencia para la tarea de "evangelizare
pauperibus", llevar el Evangelio a
los pobres abandonados.
14. La opción preferencial de Alfonso por
los pobres no admitía exclusiones.
No rehusó su
ministerio a ninguna otra clase: el clero, las
religiosas y también lo nobles y los ricos. Siempre
procuró estar
disponible también para
esos otros. Pero únicamente
en vista de los más abandonados
por ser pobres es por los que fue fundador.
Precisamente por ellos emprenderá su acción más trabajosa: fundar una comunidad apostólica, la Congregación del Santísimo Redentor.
15. Una comunidad
destinada a hacer llegar a esa gente la forma
de Alfonso de proclamación explícita, profética, liberadora del Evangelio.
Debía ser
una proclamación que
lleva a la conversión,
porque está impregnada
de misericordia y de esperanza. Alfonso nunca
se limitaba a denunciar el pecado; presentaba
siempre un proyecto de vida nueva. No se contentaba
con suscitar una respuesta inmediata; procuraba
estructurar una nueva vida cristiana profunda.
Aun no siendo tan consciente de la justicia
social, como hoy lo somos, no se puede negar
que hizo esfuerzos extraordinarios para basar
la vida cristiana en la dignidad fundamental
de la persona humana. Incluso tratándose de los más sencillos y más pobres. Esa dignidad inalienable
de la persona humana, anterior a cualquier diferencia
natural o convencional de los seres humanos,
resplandece en la teología moral de Alfonso, en la que
la santidad de la conciencia personal goza de
primacía indiscutible sobre todas las leyes. Y, ¿no es precisamente esa afirmación de
la dignidad personal de cada ser humano delante
de Dios el primer acto de justicia debido a
todos, y la base real de nuestra igualdad y
de cualquier otro postulado de justicia social?
A PAUPERIBUS EVANGELIZARI
16. La segunda parte del tema de este sexenio proviene
de ideas y experiencias de nuestro tiempo. Pero
encontramos en la vida de Alfonso cómo
encontró él que
los pobres tenían
un mensaje para él y
sus compañeros. En ese sentido podemos entender
su insistencia de que los redentoristas vivieran
entre aquéllos a los que son enviados. Alfonso preveía la ruina de la Congregación si ésta se desarraigaba de los pobres
para plantarse en las cortes y en los palacios
de la ciudad, que para él eran símbolos de una sociedad que rechazaba.
Y eran símbolos
poderosos capaces de perturbar las propias posiciones
interiores. Lejos de los pobres, la Congregación abdicaría de
su misión,
porque vendría a
perder la sensibilidad hacia aquéllos a cuyo servicio fue llamada, aquéllos que enseñarían a los miembros de la Congregación lo que significa la salvación para un Redentorista.
17. Alfonso no intentó vivir una vida de solidariedad con los pobres,
tal como hoy se entiende. Pero en la conducta
de Alfonso tenemos tres hechos claros. Primeramente,
hombre rico como era, igual que varios de sus
compañeros de la primera generación, provenientes de capas altas
de la sociedad de Nápoles, se exigió a sí mismo y a ellos un cambio de estilo de vida realmente
significativo. Tal actitud era considerada por
él no bajo el aspecto de identificación con
los pobres, sino identificación con el Redentor pobre, que dejó todas sus cosas divinas para
hacerse uno de nosotros. Para hallarlo, debemos
volvernos pobres.
18. En segundo lugar, Alfonso buscó siempre el contacto directo
y personal con los pobres. Los pobres no eran
solamente acogidos; el celo apostólico impulsaba a los misioneros
a contactarlos, yendo al encuentro de los más abandonados. Alfonso tomó la iniciativa de fundar una
Congregación para
poder llegar a esos pobres abandonados. Su actitud
pastoral era la de actuar, no sólo
la de reaccionar.
19. En tercer lugar, Alfonso no escogió una vida fundada en el pauperismo.
Su sentido práctico,
aliado al desprendimiento, le llevaba a discernir
si los bienes materiales eran efectivamente
empleados en ayudar a los congregados a acercarse
a los pobres espiritualmente abandonados. Los
bienes de la comunidad tenían por fin volver a ésta disponible para los pobres
abandonados, a cuyo servicio era llamada. No
debían constituir nunca un elemento de separación entre la comunidad y esa gente.
LA COMUNIDAD APOSTÓLICA
20. Estos aspectos de la vida de San Alfonso van
mucho más allá que
una mera devoción personal;
son signos de una auténtica
dinámica
espiritual que él dejó en
herencia a la Congregación.
21. "Seguir el ejemplo de Jesucristo Salvador,
en la predicación de
la divina Palabra a los pobres" (Const.
1). Seguir al Redentor y vivir para los pobres
constituyó siempre
para Alfonso una única
realidad que brotaba directamente de su experiencia
viva y vivida. Ese es también el fin único de su Congregación.
22. Pronto cayó en cuenta Alfonso de que el camino para la identificación con
Cristo redentor no era una aventura individualista.
Para él, fundar la Congregación no significaba simplemente
crear un grupo de acción pastoral;
más bien,
significaba crear una comunidad apostólica que, en su ser y en su obrar, debería constituir una continua presencia
salvadora del Redentor. Era la comunidad apostólica, no ya el Redentorista individualmente,
quien debía ser
un signo visible del Redentor. La comunidad
debería esforzarse por crear en el propio ámbito una atmósfera de mutuo respeto, de reciproca
ayuda y de santificación. Así es
como podría convertirse
en modelo vivo del Reino de Dios, reino de justicia
y de paz. Y, como tal, podría predicar
con autoridad y convicción a los pobres abandonados, para los que era enviada.
CONCLUSIÓN
23. Este es nuestro San Alfonso, su retrato esbozado
aquí con
sólo
algunos rasgos. Pero el cuadro nos parece suficiente
para darnos algunas sugestiones sobre nuestra
actitud referente al tema central del Capitulo
General: "Evangelizare pauperibus et
a pauperibus evangelizari". Sin duda
alguna, el sentido de nuestra herencia alfonsiana
deba llevarnos a aceptar este lema como fruto
genuino de su carisma.
24. Estas son las ideas que el Consejo General ofrece
a todos los cohermanos y a todas las comunidades
con ocasión del Bicentenario de la muerte
de San Alfonso. Confiamos en que sean apropiadas
a este momento importante de nuestra historia.
Fraternalmente en J.M.J.A.
Juan M. Lasso de la Vega, C.Ss.R.
Superior General
El texto original de esta Communicanda es el texto inglés.